jueves, 16 de abril de 2026

Hambre. Sara Nieto.

España 1942.
Jugaban a estar muertos. Juan solía hacerlo de forma dramática hincando las rodillas en el suelo y dejándose caer hacia delante. Aseguraba que había visto morir así a un fusilado detrás del cementerio. El Pelao prefería caerse hacia atrás torpemente. Pero el que mejor lo hacía era Angelillo, el hijo de la viuda. Se agarraba el estómago con manos crispadas y se desplomaba poniendo un gesto de agonía tan real que daba escalofríos. A todos les sorprendía su manera de meterse en el papel porque, cuando volvían a su casa, por el camino seguía agarrándose la barriga y poniendo gesto de dolor.


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