He oído rumores de que el Arzobispo de Cosntantinopla se quiere desarzobispoconstantinopolizar. ¿Pero cuándo se dará cuenta el señor ese que siendo Arzobispo de Constantinopla no se puede desconstantinopolizar y mucho menos se puede desarzobispocontantinopolizar? ¿Me quieren decir ustedes dónde están los desconstantinopolizadores que puedan coger, no ya a una persona cualquiera, sino al mismísimo Arzobispo de Constantinopla y desconstantinopolizarlo? Cuando yo era niño, le preguntaba a mi padre, que era un pelmazo, que me explicara por qué razón el Arzobispo de Constantinopla se quería Desconstantinopolizar, porque ese es el quid de la cuestión. Él, aprovechaba la pregunta y hacía un circunloquio que me dejaba patidifuso, y me decía que el problema estaba en encontrar a un buen desconstantinopolizador que lo descontantinopolizara, porque si no, era imposible desconstantinopolizar a nadie, pero nunca me decía por qué el Arzobispo quería hacerlo. El de mi padre era un discurso puramente tautológico. Ahora, que soy mayor, y llevo unos cuantos años indagando la cuestión, he llegado a la conclusión de que el Arzobispo de Constantinopla era un insensato, ¿qué sentido tiene desconstantinopolizarse en estos tiempo que es punto menos que imposible encontrar un buen desconstantinopolizador que lo desconstantinopolice a uno con ciertas garantías? Ningún sentido, pues ya está. Ahora comprendo al pesado de mi padre: estudiar al excéntrico Arzobispado de Constantinopla es una tautología.
El obispo de Constantinopla, de Juan Yanes ha sido extraído de su blog personal Máquina de coser palabras. Imagen: San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla.
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