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viernes, 3 de enero de 2025

Nada. Julia Uceda.

Es ligero y pesa,
Es amorfo y redondo.
Se oye su silencio.
Se viste de ceniza.
Provoca vómito.
Te obliga a olvidar
quién eres, qué buscabas.
Hace de tus palabras
inútiles sonidos. Se ríe
de tu inocencia. Escupe
en tu pasado y en tu fe.
Estremece su frío. Te empuja
a que huyas de ti. A esconderte
de tu pasado efímero,
a hacer inútil todo
esfuerzo por saber
en qué anaquel se encuentra el libro
que buscas. Al final
pisa el alma. Y lo sabes
cuando no puedes hacer nada
para borrarlo o redimirlo
y entonces te cuestionas
por qué viniste a este lugar tan raro,
por qué no puedes
regresar a la nada compasiva.

Hablando con un haya. 2010.

sábado, 19 de octubre de 2024

La cinta. Julia Uceda.

Es una
delgada cinta de frío,
luego invisible,
que avanza
con cada despedida; con
silencios
no llamados así
y a veces no advertidos, o
gestos recordados como últimos
adioses y nunca más se ven
los rostros, nunca más se pronuncian
los nombres anudados
con cinta de frío en paquetitos
que también nunca más
se van a abrir. Y nadie ve
la cinta. Nadie siente
su frío. La llamamos ausencia: una palabra
tranquila. Un poco triste.
Y un día, nos sorprende.
Siempre había estado allí
y no nos dimos cuenta. 

Hablando con un haya, 2010.

sábado, 31 de agosto de 2024

Ikebana. Julia Uceda.

 Desde el jardín inunda las habitaciones un pálido silencio,
fresco,
suave
como una mano sabia y sagrada desde algún espacio sin tiempo;
tal vez de alguien no creado todavía pero que sonríe sin sonreír.
Llueve. El silencio está vivo y acompaña,
se le respira y nos fundimos en lo innombrable.
Los árboles y yo nos sentimos en paz. De vez en cuando,
una gota perezosa cae desde el último dedo de las ramas de un cedro
que reina en el jardín como barco de velas.
En el monitor encendido veo el fragor de un mundo
perdido en su desvarío.
No cambiaré mi conciencia para estar con ellos. Estoy
con los árboles
y su silencio.
Y con la mano sagrada
de quien ignoro.

lunes, 15 de julio de 2024

Grifos. Julia Uceda.

En la casa hay caminos secretos
y direcciones invisibles
aunque la escena parezca de cristal,
a veces de relámpago.
O de silencio arrinconado en una esquina,
sombra de una presencia ausente,
huella que cruza la memoria asustada.
La memoria, que no encuentra una hoja donde posarse
ni agua para su frente.
                                    Agua
para lavar los colores marchitos del tiempo,
de las maderas desconchadas,
del duro despertar.
                                    Tal vez por eso hablo con frecuencia
de habitantes en rincones vacíos
de casas que viví o en las esquinas
de las que abandoné y sus caminos secretos.
                                    Quizá crea,
tal vez erróneamente porque nada
se puede comprobar,
que en un ángulo olvidé lo que no encuentro.


                                    Y es que en esos rincones oigo, a veces,
el gotear de un grifo.
No lo veo.


¿Alguien espera que lo cierre?

Hablando con un haya, 2010.

sábado, 4 de mayo de 2024

Futuro imperfecto. Julia Uceda.

Cuando anochezca

¿qué puedo hacer con la memoria,

dónde guardo la barca de esos años,

dónde los imperdibles del soneto,

el llanto del cristal en las ventanas,

la amarga margarita,

el tiempo fraternal y fracturado?


Se habrá roto el zafiro

y por el suelo correrá, ya libre,

lo prisionero.

                         (El perro ladra y su ladrido

me arranca de la sombra en que caía).


Pero, de todos modos,

los helechos aquellos se quemaron,

la rosa -¿de quién era?- continúa

en algún libro, no sé cuál. A estas alturas

¿verdad que todo da lo mismo?

Hablando con un haya, 2010.