Dios
no existe, pero nos sueña. El diablo tampoco existe, pero lo soñamos
nosotros. El otro día me lo encontré en el Metro y me lo dijo. Me
cayó simpático, se parecía a mí de mayor. Era un pobre diablo.
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miércoles, 17 de mayo de 2017
domingo, 26 de febrero de 2017
El mordisco original. Gonzalo Suárez.
No
pararé hasta que la historia de Adán y Eva se nos cuente desde la
perspectiva de la manzana. ¿Qué sintió cuando la mordieron? ¿Qué
le pasó después? ¡A ella qué le importaba esa historia del pecado
original! Un asunto de pareja, Dios mediante, en el que mejor no
inmiscuirse, salvo ser serpiente y pagar el pato. Pero, ¿y la
manzana qué? Ella carecía de toda intención maligna. Se limitaba a
colgar del árbol, de la sabiduría por supuesto. ¿Hay algún árbol
tonto? ¡Cómo no va a ser sabio algo que se limita a nacer y crecer!
Pero a ella la mordieron, ¡vive el cielo! Se llevó, sin merecerlo,
el primer dolor. Y además, después, otros vinieron y mordieron en
la impunidad y el pecado dejó de ser original. Yo le hubiera evitado
el dolor a la manzana, mordiendo directamente a Eva en una nalga.
Foto: Adán y Eva. Tiziano. Oleo sobre lienzo, 1550. Museo del Prado, Madrid.
Foto: Adán y Eva. Tiziano. Oleo sobre lienzo, 1550. Museo del Prado, Madrid.
viernes, 12 de agosto de 2016
Enamorado. Gonzalo Suárez.
El otro día fui a la fuente donde nos besamos por primera vez. Seguía cayendo el agua. Naturalmente, tú no estabas. Y pensé que podías haber sido otra, o no haber existido nunca. De todas formas, sólo nos queda el recuerdo. Puede que, entre nosotros, nunca haya pasado nada. Es posible que todo se deba tan sólo a nuestra imaginación. Es decir, a la mía. Puesto que estoy solo, y de tu vida, desde entonces, no tengo constancia. ¿Has muerto o sigues viva? O quizás eres una simple y estúpida obsesión que exacerba mi melancolía. Una tonta elucubración literaria. Sin embargo, quiere la memoria, falsa o verdadera, jugarme una mala pasada. Hacía frío. Pero ninguno de los dos quería ir a otra parte, mientras caía el agua. Sabíamos, eso me parece, que cuando echáramos a andar, y volviéramos a nuestra casa, el tiempo aceleraría su curso, cumpliendo el sórdido cometido que le corresponde y acabaría separándonos definitivamente. Por eso seguimos abrazados, aferrados el uno al otro, sorbiendo el instante único en nuestros labios, desesperadamente. Así es como recreo nuestro hipotético encuentro en mi mente. Donde quiera que estés, mujer o fantasma, ven en mi ayuda. Tu ausencia no ha dejado de seguirme, como la sombra de mi sombra, y ha ensombrecido mi vida para siempre.
viernes, 27 de marzo de 2015
Donde se demuestra que la Tierra es esférica. Gonzalo Suárez. Microrrelato.
El hombre
no tenía nariz, ni ojos, ni boca.
Y el rostro estaba cubierto de pelo.
Me llamaron a mí, para que investigara.
La encuesta no fue tan sencilla como posteriormente pudierais imaginar.
Me proporcionaron el pasaje de avión, y volé hasta las antípodas. Y de allí volví al punto de partida.
Por la otra cara del mundo.
Era preciso actuar con cautela, puesto que en ello estribaba el éxito de la empresa.
Sólo así pude averiguar lo que averigüé, y redacté un informe de setenta y siete páginas.
Del cual se deducía que: aquel hombre estaba de espaldas.
Y el rostro estaba cubierto de pelo.
Me llamaron a mí, para que investigara.
La encuesta no fue tan sencilla como posteriormente pudierais imaginar.
Me proporcionaron el pasaje de avión, y volé hasta las antípodas. Y de allí volví al punto de partida.
Por la otra cara del mundo.
Era preciso actuar con cautela, puesto que en ello estribaba el éxito de la empresa.
Sólo así pude averiguar lo que averigüé, y redacté un informe de setenta y siete páginas.
Del cual se deducía que: aquel hombre estaba de espaldas.
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