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sábado, 7 de enero de 2023

La espera. Txuma Murugarren.

Está sentado en el poyo que hay fuera del banco. Está fumando un cigarro. Esperando a alguien. Yo también estoy esperando, en la acera de enfrente, y sin nada más en qué ocuparme, le miro de vez en cuando. Al principio no parece preocupado, espera tranquilo, con confianza. Pero pasados los primeros diez minutos, comienza a mirar a uno y otro lado, cada vez con más frecuencia. Se está haciendo tarde. Así y todo, permanece sentado en el poyo. Saca el teléfono móvil y lo examina, comprueba que no haya llamadas perdidas. Lo veo entre los autobuses y los coches que cruzan por la carretera, a ratos, como cuando ponen esas luces como flashes en las discotecas, con un extraño asincronismo. Ahí está, piensa por un momento, y es que al final de la calle, entre la gente, ha visto a un desconocido que se parece a su amigo. Se ha levantado, pero enseguida se ha dado cuenta de que no es él. De todos modos, ha decidido permanecer de pie, apoyado contra la pared del banco. Ha encendido otro cigarro, pero ahora, cuando ha llevado la cabeza hacia el mechero que mantiene entre las manos, sigue mirando de reojo a uno y otro lado. No quiere perder ni un solo momento. Porque es muy posible que en ese exacto segundo pase su amigo. Así lo cree al menos. Son las paranoias de la larga espera. El último síntoma del estrés que crea el esperar. De repente, parece que se da cuenta de lo absurdo de su situación. No vendrá y yo aquí, cada vez más nervioso. ¿Pero qué me importa a mí que no venga? Ha mirado hacia mi lado. Se ha dado cuenta de que yo también estoy esperando a alguien. Se le ha encendido el semblante. Se ha sentido solidarizado conmigo. Y espera lo mismo a cambio. He metido las manos en los bolsillos. Ya no mira a uno y otro lado. En vez de eso, me mira a mí, cada vez con más frecuencia. Me han tocado en la espalda. Es mi amigo. Ha venido. Juntos nos hemos dirigido calle arriba. Antes de desaparecer en el cruce de calles, he mirado al chico del banco. Él me mira a mí. Triste. Me he sentido como un cabrón.

martes, 7 de septiembre de 2021

Manzanas rojas. Txuma Murugarren.

El amor es un árbol -le dijo al escéptico que tenía al lado- el viento lo dobla y lo inclina, le rompe algunas ramas, le aparecen nudos deformes, brotes desiguales. Así y todo, mirado en su conjunto, es hermoso. Brotes, heridas, cortes, cicatrices y demás lo hacen especial y atrayente. El amor es un árbol -le dijo otro al mismo escéptico- se debe alimentar, de otro modo, se debilita y se seca, ese árbol será en la medida que lo cuides, fuerte o enjuto, saludable y lleno o decaído y vacío. El amor es un árbol -le dijo un tercero al mismo escéptico- como un árbol te protege y cobija, bajo su sombra se aguanta mejor el verano, escondido del calor inmisericorde del sol. También el invierno es más llevadero, porque te resguarda de la lluvia inclemente. Como con el árbol, cuando pongas tu cabeza sobre el pecho de la amada encontrarás cobijo cuando llueve dentro de ti, por todo eso, el amor es un árbol. El escéptico no creía lo que decían esos ecologistas del amor. La comparación le resultaba excesivamente simple, inocente. Incluso llegó a sentir cierta vergüenza ajena con aquellas tontas explicaciones. Es problema de los enamorados -se dijo a sí mismo- se vuelven idiotas. De arriba abajo. Y todos sabemos la de tonterías que puede hacer un amigo cuando se enamora. Pensaba en todo esto camino de casa cuando la lluvia que acababa de empezar le empañó las gafas y no le dejaba ver. Esto le hizo sentir ganas  de llegar a casa, porque en la calle no había donde resguardarse. Llegó a casa y la vecina (una hermosa joven que acababa de mudarse), había dejado las bolsas de la compra en el suelo y se afanaba en abrir la puerta. Se quedó mirándola sin querer y,  tras el vaho dejado por la lluvia en sus gafas, le pareció una diosa. Una de las bolsas cedió al peso, se torció y cayó al suelo lo que contenía. Cuatro manzanas rojas, brillantes, cayeron escalera abajo. Se quedó sorprendido. ¡Si, el amor es un árbol!

Salida de emergencias, 2011.