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domingo, 13 de noviembre de 2016

Lo normal. Isabel González.

Porque lo normal es perder un guante, fue encontrar tres en mi bolso y volvérseme el mundo una incógnita, un planeta sin leyes, un abismo sin baranda hasta que hallé a la mujer de tres manos y se los regalé. 

 

domingo, 5 de junio de 2016

Un vivo. Isabel González. (Microlocas)

Es la hostia encontrar un vivo. Encontrar un vivo es encontrar una perla dentro de una ostra dentro de la barriga de un pez dentro de la barriga de una ballena dentro de un océano sin agua. Esto es encontrar un vivo. Y soportarlo. Porque encontrar un vivo es reunir todas las ganas de matarlo. Ahí mismo. Yo mismo. Un incapaz que una vez atropelló un zorro y se bajó corriendo del coche para hacerle el boca a boca. No se dejaba el muy terco. Me mordía y parecíamos dos amantes locos en la cuneta. Él, herido y de pelo rojo. Yo, ansioso por devolverle el aliento. Qué asustado estaba, diosanto. No sé quién más. No sabría precisar. Murió en mis brazos. Tal vez lo apreté demasiado para que se estuviera quieto. No lo sé. Murió y el taxidermista me hizo una estola con su cabeza y sus patitas. Qué suerte tuve, me digo. Qué suerte. El desollado podría haber sido yo. Yo convertido en estola. Mis zapatos italianos colgando a un lado; y al otro, mi cabeza gorda, siempre alerta, con sus pasmados ojos de cristal.

 Pelos, Microlocas, 2016.

domingo, 17 de enero de 2016

Ensayo. Las microlocas.

El niño se lleva la mano al pecho. Quiere asegurarse de que su corazón está latiendo. Lleva tanto tiempo sin moverse. El fotógrafo hace un gesto y pide paciencia. Quieto, musita el padre. Y la madre suspira, mi niña. Pasan cinco, diez minutos. El teatrillo incluye a papá, mamá, el niño y su hermanita, sentados a la mesa para cenar. Nadie hace el gesto de llevarse el tenedor a la boca. Ninguno sonríe. Y la niña mira a la cámara con los ojos muy abiertos, como si estuviera viva.