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jueves, 10 de julio de 2025

2518. Asun Gárate Iguarán.

Algunas noches –cuando en la tele no ponen nada interesante y hace calor y hay luna llena– mi mujer y yo copulamos. O, como le gusta decir a ella, hacemos el amor. Tiene un corazón de los de antes y se refiere a ciertas cosas como si no hubieran dejado de existir, así le duele menos su ausencia. Trabaja en la Universidad dando clases de Historia de los siglos XX, XXI y XXII, y cree que entonces el mundo era un lugar mejor. Además del amor, lamenta sobre todo la extinción de los poetas, los bailes folclóricos y las ballenas. En cambio, yo, que tengo el corazón transgénico y carezco de sentimientos, lo que recuperaría de aquellos tiempos sería el fútbol. Pelé, Maradona, Messi, qué hombres, lástima que las técnicas de criogenización se desarrollasen después.
Ayer, tras la cópula, salimos a pasear. La temperatura nocturna alcanzaba tantos grados que de no ser sintética nuestra piel, nos habríamos deshidratado de inmediato. Fuimos hasta el parque de sicomoros. Por suerte, ningún cuerpo colgaba de las ramas. Sentados en un banco, a la luz de la luna, ella me confesó que se sentía muy sola y quería adoptar un dogcat. Se echó a llorar y lloró dieciséis minutos. A veces no la entiendo.

domingo, 23 de marzo de 2025

Un recuerdo maravilloso. Asun Gárate Iguarán.

Existen en este mundo las mujeres invisibles. Se deslizan entre nosotros sin manifestar su presencia: no susurran, no mueven objetos, no crean corrientes de aire frío. Nadie las imagina a sus espaldas y nadie las teme.
De carácter soñador, frecuentan las ventanas, las azoteas, los puentes, los miradores. A veces, cuando se ponen románticas, empujan a alguien. Solo para lanzarse detrás, para abrazar sus cuerpos, para bailar un vals en el aire. Quienes caen sienten una mezcla de miedo y placer, creen estar fuera de la realidad, pero al final alcanzan el suelo de pie y suavemente. El recuerdo los acompañará siempre. Hasta hacerse insoportable de tan maravilloso y –tarde o temprano– terminan todos tirándose ellos mismos al vacío. Con la esperanza.

Imagen: Mujer asomada a la ventana, de Caspar David Friedrich (1774 - 1840)
 

lunes, 13 de noviembre de 2023

Lluvia de fuego. Asun Gárate Iguarán.

Tras años de calma, otra vez. Apresurarse los hombres y mujeres de mediana edad. Llenar bolsas con comida, ropa, mantas, libros de oraciones y fotografías de los abuelos. Dejar todo lo demás. Tapiar las ventanas, atrancar las puertas por fuera. Cargar los bebés en brazos, los niños sobre las espaldas, situar a los jóvenes en cabeza. Huir hacia las montañas. Esperar siete días y siete noches, como siempre. Después, volver. Buscar entre los escombros de cada casa. Encontrarlos por algo que no ardió: botones, hebillas, la montura de las gafas, el puño del bastón, la dentadura. Recoger sus cenizas. Reconstruir el pueblo entero. La iglesia, más grande, más alta. Rezar a ese Dios iracundo. Ofrendar las cenizas. Reprimir la tentación de la duda.

(La Microbiblioteca)