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viernes, 11 de noviembre de 2016

De cómo estoy. István Örkény.

—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Cómo está?
—Bien, gracias
—Y de salud, ¿cómo se encuentra?
—No tengo motivos para quejarme.
—Pero, ¿por qué arrastra esa cuerda tras de sí?
—¿Cuerda? —preguntó, echando una mirada hacia atrás—. Son mis intestinos. 


 

jueves, 10 de marzo de 2016

El hogar. István Örkény.

La niña sólo tenía cuatro años, sus recuerdos, probablemente, ya se habían desvanecido y su madre, para concienciarle el cambio que le esperaría, la llevó a la cerca de alambre de espino. Desde allí, de lejos, le enseñó el tren. 
—¿No estás contenta? Ese tren nos llevará a casa. 
—Y entonces ¿qué pasará? 
—Entonces ya estaremos en casa. 
—¿Qué significa estar en casa? —preguntó la niña. 
—El lugar donde vivíamos antes. 
—Y ¿qué hay allí? 
—¿Te acuerdas todavía de tu osito? Quizás, encontraremos también tus muñecas. 
—Mamá, ¿en casa también hay centinelas? 
—No, allí no hay. 
—Entonces, de allí, ¿se podrá escapar? 

martes, 3 de febrero de 2015

In memoriam Dr. KHG. István Örkény. Microrrelato.



-Hölderlin ist ihnen unbekannt? (¿Conoce usted a Hölderlin?) -preguntó el Dr. KHG mientras cavaba el foso para el cadáver de un animal reventado.
-¿De quién habla? –preguntó el centinela alemán.
-Él escribió el Hiperión –explicó el Dr. KHG, le gustaba mucho explicar-. La figura cumbre del romanticismo alemán. Y a Heine, por ejemplo, ¿lo conoce?
-¿Quiénes son esos? –preguntó el centinela.
-Poetas –dijo el Dr. KHG-. ¿Tampoco le suena el nombre de Schiller?
-Sí, me suena –dijo el centinela alemán.
-¿Y el nombre de Rilke?
-También –dijo el centinela alemán y se puso colorado como un pimiento, y le pegó un tiro, sin más, al Dr. KHG