Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de septiembre de 2026

Canción última. Miguel Hernández.

Pintada, no vacía:

pintada está mi casa

del color de las grandes

pasiones y desgracias.


Regresará del llanto

adonde fue llevada

con su desierta mesa

con su ruinosa cama.


Florecerán los besos

sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos

elevará la sábana

su intensa enredadera

nocturna, perfumada.


El odio se amortigua

detrás de la ventana.


Será la garra suave.


Dejadme la esperanza.

El hombre acecha, 1939.

domingo, 16 de agosto de 2026

El emperador de los lagartos. León Felipe.

Porque el sueño es un animal fronterizo como los lagartos…
El sueño es un lagarto.
Vive en la frontera de dos grandes peñascos,
no tiene raíces, va de un lado a otro lado,
de la luz a la sombra, de la sombra a la luz… de un peñasco a otro peñasco.
Se agarra del péndulo que oscila entre los mundos que separan la rendija entreabierta de mis párpados]
y se mete en el cubo del pozo que tan pronto está arriba como abajo.
En el crepúsculo del sueño nada está firme ni clavado… y el lagarto
vive fuera del tiempo y del espacio.]
Pero el sueño no es un enemigo del hombre como el zorro, es enemigo de la tachuela y del cálculo;]
de las duchas heladas y del puñal del amoniaco.
Existen la razón y la aritmética dominando
y el sueño y la locura aherrojados…
La locura también es un lagarto.
Porque el lagarto va y viene también del yelmo a la bacía y de la bacía al yelmo. Y el juez, el cura, Don Fernando,]
el burlón, el prestidigitador y el catedrático
ya no sabe ninguno qué es lo que tiene en la cabeza aquel hidalgo.
¿Quién ha gritado baci-yelmo?, Sancho.
Baci-yelmo también, es un lagarto.
Preguntad otra vez: ¿Y si estuviésemos ya locos? ¿O si siguiésemos soñando?]
¿Si no hubiésemos dejado
de soñar, Segismundo, y el destierro ahora aquí y
España allá, en el otro lado
fuesen el juego viejo y nuevo de un dios, no de un rey bárbaro,
el sueño eterno y español de la «caverna y el palacio»?
«Yo sueño que estoy aquí,
de estas prisiones cargado
y soñé que en otro estado»…
Si no hubiésemos dejado
de soñar, Segismundo, y alguien después de ti hubiese definitivamente dado
el grito subversivo de ¡Arriba, arriba los lagartos!
¿Si tú y yo, el místico, el biólogo, el psicólogo y el matemático
ya hubiésemos sacado nuestra espada para defender a los lagartos?
Porque si el pájaro
no se escondió en la biblioteca ni en el follaje barroco del retablo,
si huyó del pan, del vino y del binomio… de las manos de los arzobispos y los sabios,]
si no está en la retorta ni en el vaso sagrado
tendremos que buscarlo
en el ritmo pendular de la locura, del sueño o del borracho…
El borracho también es un lagarto.
Porque tal vez el hombre no sea un animal domesticado
que cuenta, que gobierna y que razona, sino algo
que sueña, que enloquece y que vacila, algo…
«¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?»
¿Aquello es un peñasco o dos peñascos?
¿Y si la luz fuese la sombra, la gracia el pecado,
la oración la blasfemia, el cielo el infierno y el oro el guijarro?
¿Si el verso, poetas cortesanos,
si el verso no fuese de cristal sino de barro?
¿SÍ hacia la derecha y hacia la izquierda fuesen sólo una vana y estéril disputa de las manos?]
¿Si no hubiese boca arriba y boca abajo
y no supiésemos tampoco quién es el que duerme al revés, la lechuza o el murciélago?]
¿Si de tanto dar vueltas, de tanto columpiarnos,
de tanto ir y venir del caño al coro y del coro al caño
nos trabucásemos diciendo ¡cono!, pero si no sabemos dónde estamos?
Y ésta es la hora blasfematoria y negra en el reino crepuscular de los lagartos;]
la hora en que se apagan las antorchas, las linternas, los faroles urbanos y los faros;]
la hora en que se escapan las estrellas por el turbio pantano de los sapos;
la hora en que los letreros de las callejuelas y de las grandes avenidas se desploman, y se desploman los borrachos;]
la hora en que nos llevan a la iglesia como a una casa de socorro…
la hora de la camilla, del hisopo y del puñal del amoníaco…
la hora en que nos vuelven a la vida, a la vida otra vez: a la razón y al llanto.
¿Y si la muerte fuese la vida y la vida la muerte, y yo aquí ahora, espatarrado
entre los dos peñascos
no pudiese decir en qué sitio se apoyan mis zapatos?
He visto nacer y morir. He asistido a un enterramiento y a un parto.
Y me ha parecido siempre que el que nace, el que llega, llega como forzado…]
que alguien lo empuja por detrás, que lo echan a puntapiés y puñetazos
de algún sitio, y le arrojan aquí, que por eso aparece llorando.
El comadrón le coge en el aire como un futbolista la pelota.
En cambio,
¿no es verdad que una tumba es una dulce puerta, una mampara que nos abre en la tierra con cuidado]
una mano cumplida y cortesana, una mano
que nos indica reverente: Por aquí, por aquí, pase usted por aquí; en su despacho,]
está el señor Presidente esperándolo?
Y hay hombres que estuvieron con la puerta entreabierta para pasar, y no pasaron;]
hombres en agonía que estuvieron casi del otro lado,
hombres en agonía larga, como Lázaro…
Lázaro también es un lagarto.
Lo volvieron al llanto cuando huía tirándole del rabo.
Porque tal vez nos salvan desde allá, y a los ahogados, a los definitivamente ahogados,]
desde la otra ribera les arrojan un cabo.
¿Se salvan los que mueren? ¿La vida es un naufragio?
Éste es el reino, amigos, de la interrogación y del lagarto.
Del lagarto
que se mece en el columpio del cangilón y pasa por la luz y el subterráneo
con un tiempo y un ritmo poemáticos…
¡Eh, alto!
El poema también es un lagarto,
y el poeta, el Gran Emperador de los lagartos.
Y yo digo ahora aquí, aquí, colgado
del péndulo que oscila entre los mundos que separan la rendija entreabierta de mis párpados,]
aquí y ahora —sacad el reloj— a las tres, con el pico rojinegro del gallo:
Oíd, amigos, la revolución ha fracasado.
Subid las campanas de nuevo al campanario,
devolvedle la sotana al cura y al capataz el látigo,
clavad esas bisagras y quitadle el orín a los candados…
que venga el cristalero y que componga los cristales rotos de los balcones de Palacio…]
Arreglad las trampas y los cepos y comprad alambre para los vallados…
Sacad de vuestros cofres los anillos ducales, las libreas y los viejos contratos…]
Coronad a los poetas otra vez con hojas de laurel purpurinado
y regaladle al Presidente si queréis una medallita y un escapulario.
¡Viva Cristo Rey! ¡La Revolución ha fracasado!
Esto lo he dicho a las tres. Pero ahora digo a las cuatro:
No obstante, el que se haga una casa, que la haga teniendo en cuenta ciertos planos.]
y el que escriba un poema, que no olvide que se han visto ya pájaros que se le escapan de la jaula al matemático.]
Por ejemplo: dos y dos no son cuatro.
(Y que no se solivianten el tenedor de libros y el rotario:
todavía seguiremos sumando unos cuantos días como antes, para que no se colapsen los bancos).]
y digo además: Se han oído gritos desesperados, aullidos y blasfemias en el subterráneo;]
se espera que después del homo sapiens, de los retóricos y de los teólogos, surja un cráneo]
que rompa los barrotes y los muros: Dios está todavía encarcelado.
Vendrán poetas de pólvora y barreno, con la mecha en la mano,
y harán saltar la roca donde aún sigue Prometeo encadenado.
(Pero no os asustéis. Antes nos comeremos otra vez el rancio pastelón eclesiástico]
para que no se arruinen los panaderos de pan ázimo).
y esto no lo digo ni con los conejos del corral ni con las palomas del tejado.
lo digo desde el cubo del pozo, que tan pronto está arriba como abajo.
Pero… ¿y el Hombre? EL hombre… ¿es un mestizo o un ario?
El hombre… (sigo hablando desde el cubo del pozo, desde el púlpito de los lagartos),]
yo lo he visto en las ruinas de Itálica, verdinegro, entre el ibero y el romano,
y en las ruinas de Uxmal y Chichén, verdinegro, entre el maya y el caballero castellano…]
Yo lo he visto entre el maíz amarillo y el trigo blanco,
en la primera rendija de la aurora, entre las tres y las cuatro,
entre la luna y el sol… en el pico ronco y agudo del gallo…
Yo lo he visto entre el polvo y el agua, entre la sed y la nube… en el barro…
El hombre es un mestizo y el mestizo también es un lagarto.
Ahora… anotad estas voces que suben del sótano:
¿Venimos a crecer o a purgar?
¿Nos abrieron la puerta o la forzamos?
¿Quién estaba allí cuando partimos?
¿Quién nos despidió en el otro lado?
¿El gorila
o el ángel desterrado?
Éste es el reino, amigos, de la interrogación y del lagarto.
Y aunque nadie conteste, yo vuelvo a preguntar:
¿Quién, quién sostiene y levanta la verdad redentora entre las manos,
quién es el sacerdote, el obispo o el sabio?
¿Dónde está Dios? ¿Está Dios en el cáliz o en el tubo de ensayo?
¿Dónde está Dios? ¿Está en el vino puro y en las harinas pálidas del ario,
o está aquí, en las fronteras pendulares
del mestizo,
del poeta,
del agónico,
del borracho,
del loco,
y del sonámbulo?
¿Aquí, aquí en el cubo del pozo, que tan pronto está arriba como abajo;
aquí, aquí, en el poema, a caballo
en la rendija entreabierta de mis párpados…?
¿Aquí… en el reino crepuscular de los lagartos?

Los lagartos, 1941.

martes, 11 de agosto de 2026

El herido. Miguel Hernández.

I
Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.


La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.


La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece y se halla.


Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.


Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quién jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!


Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía
de ensangrentadas puertas.


II
Para la libertad sangro, lucho, pervivo,
para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.


Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.


Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.


Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.


Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


 

domingo, 12 de julio de 2026

Pero ya no hay locos. León Felipe.

Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto y… ni en España hay locos. Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.
Oíd… esto,
historiadores… filósofos… loqueros
Franco… el sapo iscariote y ladrón en la silla del juez repartiendo castigos y premios,
en nombre de Cristo, con la efigie de Cristo prendida del pecho,
y el hombre aquí, de pie, firme, erguido, sereno,
con el pulso normal, con la lengua en silencio,
los ojos en sus cuencas y en su lugar los huesos…
El sapo iscariote y ladrón repartiendo castigos y premios…
y yo, callado aquí, callado, impasible, cuerdo…
¡cuerdo!, sin que se me quiebre el mecanismo del cerebro.
¿Cuándo se pierde el juicio? (yo pregunto, loqueros).
¿Cuándo enloquece el hombre? ¿Cuándo, cuándo es cuando se enuncian los conceptos
absurdos y blasfemos
y se hacen unos gestos sin sentido, monstruosos y obscenos?
¿Cuándo es cuando se dice por ejemplo:
No es verdad. Dios no ha puesto
al hombre aquí, en la Tierra, bajo la luz y la ley del universo;
el hombre es un insecto
que vive en las partes pestilentes y rojas del mono y del camello?
¿Cuándo si no es ahora (yo pregunto, loqueros),
cuándo es cuando se paran los ojos y se quedan abiertos, inmensamente abiertos,
sin que puedan cerrarlos ni la llama ni el viento?
¿Cuándo es cuando se cambian las funciones del alma y los resortes del cuerpo
y en vez de llanto no hay más que risa y baba en nuestro gesto?
Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos
que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora… ¿cuándo se pierde el juicio? Respondedme, loqueros,
¿cuándo se quiebra y salta roto en mil pedazos el mecanismo del cerebro?
Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto
y… ¡Ni en España hay locos! ¡Todo el mundo está cuerdo,
terrible, monstruosamente cuerdo!…
¡Qué bien marcha el reloj! ¡Qué bien marcha el cerebro!
Este reloj…, este cerebro, tic-tac, tic-tac, tic-tac, es un reloj perfecto…,
perfecto, ¡perfecto!

El payaso de las bofetadas, 1938.

viernes, 10 de julio de 2026

El hambre. Miguel Hernández.

Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.


El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.


Los años de abundancia, la saciedad, la hartura
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.


Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.


Años del hambre han sido para el pobre sus años.
Sumaban para el otro su cantidad los panes.
Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños
de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.


Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,
cicatrices y heridas, señales y recuerdos
del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:
cerdos con un origen peor que el de los cerdos.


Por haber engordado tan baja y brutalmente,
más abajo de donde los cerdos se solazan,
seréis atravesados por esta gran corriente
de espigas que llamean, de puños que amenazan.


No habéis querido oír con orejas abiertas
el llanto de millones de niños jornaleros.
Ladrabais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas
a pedir con la boca de los mismos luceros.


En cada casa, un odio como una higuera fosca,
como un tremante toro con los cuernos tremantes,
rompe por los tejados, os cerca y os embosca,
y os destruye a cornadas, perros agonizantes.


El hambre es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.
Y la ferocidad de nuestros sentimientos,
allá donde el estómago se origina, se enciende.


Uno no es tan humano que no estrangule un día
pájaros sin sentir herida en la conciencia:
que no sea capaz de ahogar en nieve fría
palomas que no saben si no es de la inocencia.


El animal influye sobre mí con extremo,
la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.
A veces, he de hacer un esfuerzo supremo
para acallar en mí la voz de los leones.


Me enorgullece el título de animal en mi vida,
pero en el animal humano persevero.
Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida,
bajo tanta maleza, con su valor primero.


Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.


Arroja sus estudios y la sabiduría,
y se quita la máscara, la piel de la cultura,
los ojos de la ciencia, la corteza tardía
de los conocimientos que descubre y procura.


Entonces sólo sabe del mal, del exterminio.
Inventa gases, lanza motivos destructores,
regresa a la pezuña, retrocede al dominio
del colmillo, y avanza sobre los comedores.


Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Entonces sólo veo sobre el mundo una piara
de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.


Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido,
tanto chacal prohijado, que el vino que me toca,
el pan, el día, el hambre no tenga compartido
con otras hambres puestas noblemente en la boca.


Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Yo, animal familiar, con esta sangre obrera
os doy la humanidad que mi canción presiente.

 

El hombre acecha. 1939.

miércoles, 1 de julio de 2026

Tus hijos no son tus hijos. Khalil Gibran.

Tus hijos no son tus hijos

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino través de ti.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas,

viven en la casa del mañana,

que no puedes visitar

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede,

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos

como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación

en tu mano de arquero

sea para la felicidad.

 

domingo, 24 de mayo de 2026

Poemas menores V. León Felipe.

¿Qué me importa que se borren
los caminos de la tierra
con el agua
que ha traído esa tormenta?
Mi pena es porque esas nubes tan negras
han borrado las estrellas.

Versos y oraciones de caminante, 1920.

lunes, 4 de mayo de 2026

El futuro. Julio Cortázar.

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y se muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.


domingo, 1 de marzo de 2026

Confesión. Charles Bukowski.

Esperando a la muerte
como un gato
que saltará sobre la
cama.


Estoy apenado por
mi esposa.
Ella verá este
cuerpo
rígido
y blanco.


Lo sacudirá una vez, entonces
quizás de nuevo:
Hank”
Hank no
contestará.


No es mi muerte lo que
me preocupa, es mi esposa
sola con esta
pila de nada.


Quiero que sepa
que todas las noches
durmiendo a su lado.
Incluso las discusiones
inútiles
fueron cosas
espléndidas.


Y las duras
palabras
que siempre tuve miedo de
decir
pueden ahora ser
dichas:


Te amo”


domingo, 25 de enero de 2026

Corazón mío. León Felipe.

Corazón mío…
¡qué abandonado te encuentro!
Corazón mío,
estás lo mismo que aquellos
palacios deshabitados
y llenos de misteriosos silencios.
Corazón mío,
palacio viejo,
palacio desmantelado,
palacio desierto,
palacio mudo
y lleno de misteriosos silencios…
Ni una golondrina ya
llega a buscar tus aleros…
y hacen su cobijo solo
en tus huecos los murciélagos.

Versos y oraciones de caminante. 1920.

martes, 30 de diciembre de 2025

El agua ensimismada. María Zambrano.

Para Edison Simons
 
El agua ensimismada
¿piensa o sueña?
El árbol que se inclina buscando sus raíces,
el horizonte,
ese fuego intocado,
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez;
el oro, llama;
el cristal, aire o lágrima.
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú te miras, ¿qué queda?

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Mi madre ya no grita mi nombre desde lejos. Juan Bello Sánchez.

no recuerdo mucho
de cuando era un niño
sé que mi madre odiaba
que me pusiera a correr hacia todos lados
 
y aún hoy lo hago
aún hoy corro en todas direcciones
pero mi madre ya no grita mi nombre desde lejos

 


sábado, 22 de noviembre de 2025

Mapa de carreteras. Raquel Vázquez.

Cómo hacer que los sueños
lleguen a su destino,
evitar que se pudran
en un amargo hotel de carretera;
 
cómo hacer que la piel
conozca una caricia
que no sea la gravilla del asfalto,
abrazos diferentes al del sol
lamiendo el parabrisas: un cristal
que ya no transparenta, solo clava,
una luz que no brilla y sólo quema.
 
Cómo hacer. Cuando no hay
mapas que ilustren ni un solo camino;
tampoco una respuesta.
 
Cuando la vida sabe a neumático quemado.

El hilo del invierno, 2016.