Me
recibe un hombre que lleva una bata blanca con el logotipo del
psiquiátrico. Antes de que empiecen las presentaciones, llega otro
con idéntica indumentaria que le recrimina: “Fonsito, ¿otra vez
haciéndote pasar por médico? Quítate esa ropa y vete ahora mismo a
la sala de recreo si no quieres que te ponga una inyección”.
Perdone
la escena -dice ahora dirigiéndose a mí- se trata de un paciente
con trastorno de personalidad que por lo demás es bastante sumiso.
Yo soy el doctor Torreiglesias, acompáñeme por favor a la
habitación que le hemos asignado.
Le
sigo la corriente mientras dura el trayecto. Me divierte pensar en la
cara que pondrá cuando le diga que el doctor soy yo.
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viernes, 3 de julio de 2026
Trastornos de personalidad. Paloma Casado Marco.
jueves, 20 de abril de 2017
Mutantes. Paloma Casado.
Gabrielito
nació el año siguiente de que comenzaran las lluvias. Las llamamos
así, “las lluvias” como si tuvieran algo que ver con ese regalo
líquido que recibíamos oportunamente del cielo. Comenzaron, y
apenas han dejado de golpear la tierra y gorgotear contra el
empedrado. Mirábamos hacia arriba esperando una tregua, hasta que
nos resignamos a no ver más allá de nosotros mismos. Todo es gris,
y solo el resplandor de algún rayo nos devuelve, por unos instantes,
los colores casi olvidados del mundo.
Los campos se han convertido en lagos improductivos y las calles han sido tomadas por diferentes anfibios. Nuestra civilización se resquebraja.
A Gabrielito lo queremos a pesar de su piel lampiña y fría, quizá por ser el único niño nacido en el pueblo desde los aguaceros. Solo él disfruta fuera empapándose y boqueando hacia el cielo como si no quisiera perderse ni una de las gotas que caen.
Han comenzado a llegar, desde otros pueblos, niños similares a él. Juegan juntos en el fango y devoran los insectos, renacuajos y pececillos que encuentran. Los contemplamos hambrientos desde las ventanas, ahora que se han acabado nuestras provisiones.
Esta noche te cuento. Marzo, 2012.
Los campos se han convertido en lagos improductivos y las calles han sido tomadas por diferentes anfibios. Nuestra civilización se resquebraja.
A Gabrielito lo queremos a pesar de su piel lampiña y fría, quizá por ser el único niño nacido en el pueblo desde los aguaceros. Solo él disfruta fuera empapándose y boqueando hacia el cielo como si no quisiera perderse ni una de las gotas que caen.
Han comenzado a llegar, desde otros pueblos, niños similares a él. Juegan juntos en el fango y devoran los insectos, renacuajos y pececillos que encuentran. Los contemplamos hambrientos desde las ventanas, ahora que se han acabado nuestras provisiones.
Esta noche te cuento. Marzo, 2012.
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