Al
principio, las ranas cantaban al amanecer —como acostumbran hacerlo
los pájaros—, para celebrar la luz de un nuevo día. Con el correr
del tiempo, sin embargo, descubrieron que ese desbordamiento de
alegría resultaba insensato, pues mientras más cantaban al sol, más
secaba éste las aguas.
Desde entonces, y en venganza, las ranas
cantan la llegada de la noche, pero lo hacen despacio, sin emoción,
no sea que de repente la oscuridad también les resulte nociva.
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domingo, 18 de agosto de 2019
jueves, 4 de julio de 2019
Rival. Jaime Alberto Vélez.
Una rana, que se ufanaba
de cantar mejor que las demás, recorría sin descanso estanques y lagunas con el
objeto de hacer conocer su arte insuperable.
Convencida como estaba de que nadie en toda la región cantaba mejor que ella, se encontró con que otra rana tenía el atrevimiento de repetir su canto. Herida en su orgullo, la rana se vio obligada a cantar más allá de sus fuerzas, hasta lanzar un desgarrador grito de muerte que, desde luego, también repitió, al instante, el eco que la había acompañado aquella noche.
Convencida como estaba de que nadie en toda la región cantaba mejor que ella, se encontró con que otra rana tenía el atrevimiento de repetir su canto. Herida en su orgullo, la rana se vio obligada a cantar más allá de sus fuerzas, hasta lanzar un desgarrador grito de muerte que, desde luego, también repitió, al instante, el eco que la había acompañado aquella noche.
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