Y cuentan que don Gonzalo Fernández de Vivar y
Montero, durante la Conquista, buscó afanosamente por estas tierras la fuente
de la eterna juventud. En medio de los pantanos, en la selva, en los páramos,
registró el aire, oteó el lugar donde nacen las aguas, investigó de boca en
boca las viejas leyendas. En su caballo pinto vagó muchos años por estos
lugares hasta que un día percibió un pequeño cambio; algo así como un anuncio,
como un signo. Una transformación del aire, del color de los árboles, del olor
del agua. Avanzó hasta un claro del bosque y presenció un espectáculo que lo
dejó maravillado. Un tigre, corpulento y feroz, rugido manchadoanaranjado, las
garras poderosas y fuertes, el ojo girando, buscando el colmillo donde hincar y
destrozar, frente al enemigo que lo esperaba sereno con un algo de quietud en
el cuerpo. El tigre gigantesco dio un salto en el aire, rugió, cayó levantando
la hojarasca, viró presto a continuar el ataque, hasta que sintió el feroz
golpe, la mortal desgarradura, la sangrienta herida en el vientre. La libélula
había hecho presa de él; le había dado el golpe mortal y el tigre empezó a
morir bajo la vibradora luz de sus alas. Don Gonzalo acarició su barba de 95
años de longitud, espoleó su caballo y penetró en la floresta húmeda. Y aquel
día de gracia de San Martín, en medio de frescas hierbas, con pájaros dorados
dando vueltas de carnero en el césped, con roedores de ojos plateados durmiendo
la siesta en sus orillas, encontró la fuente de la eterna juventud. Bajó de su
caballo pinto y, tembloroso, hincó la rodilla en tierra, declarando esa fuente
propiedad de Fernando e Isabel de Castilla, sacó de su armadura el gran
escapulario obsequio del Papa, penetró en la fuente, avanzó mientras entonaba
cantos de alabanza a Dios y a María Santísima y murió ahogado en las
turbulentas aguas.
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viernes, 7 de diciembre de 2018
domingo, 27 de mayo de 2018
Historia. Jairo Aníbal Niño.
Ayer
por la tarde fue extraído de las antiguas aguas del Mediterráneo el
cuerpo petrificado de Ícaro. Al ser colocado sobre la cubierta del
barco, sus alas metálicas, limpias y poderosas, lanzaron una
erupción de luz cuando fueron tocadas por el sol de los venados.
Se sospecha que la afirmación de que Ícaro usaba alas de cera, fue propalada por sus asesinos.
Se sospecha que la afirmación de que Ícaro usaba alas de cera, fue propalada por sus asesinos.
miércoles, 4 de abril de 2018
Cuento de arena. Jairo Aníbal Niño
Un
día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies
hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos
años habían estado viviendo en un espejismo.
lunes, 19 de septiembre de 2016
Preguntario. ¿Cómo se pasa al otro lado del espejo? Jairo Aníbal Niño.
Para
pasar al otro lado del espejo, se necesita del valor temerario de un
niño de siete años, de su facultad para convertir el azul en
quetzal y la nube en garza. Él sabe que tiene que ascender por la
vertiente más peligrosa del espejo, trepar cuidadosamente para no
tropezar con el brillo, afianzar con firmeza el pie para evitar
hundirse en la garganta de los reflejos, y eludir el encuentro
cegador con los ojos de su doble. Entonces llegará a la cúspide y
pasará al resplandor del otro lado, descendiendo por la parte oscura
de la luna.
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