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domingo, 4 de septiembre de 2022

El dinosaurio que no podía dormir. José Luis Zárate.

Érase un dinosaurio que llegó a la fama no por méritos propios, sino porque despertó al lado de la persona equivocada que, para colmo, se tomó el asunto a lo trágico, lo comentó a todo el mundo, y lo publicó en su Facebook.
El dinosaurio no entendía cómo un hecho estrictamente íntimo podía obtener 7,500 likes y 1,355 comentarios en sólo unas horas.
Lo peor, claro, fueron las fotos en Instagram y el video en YouTube que fue retirado por contravenir las normas morales del servicio, pero que para entonces había sido clonado y ubicado en mil sitios distintos.
Vio a quien había iniciado la tormenta mediática llorar en tres noticieros distintos, un par de programas de variedades y un talk show. En todos ellos decía, llorando, con lágrimas de furia, de resignación, de asco, de vergüenza, de odio: “Y cuando desperté…”
Con qué horror el dinosaurio vio al público entero corear el remate de la frase: “… todavía estaba ahí”.
Lo peor fue el meme, la canción (reggaeton, además), los llaveritos.
De alguna manera apareció en su Linkedin y en su entrada en la Wikipedia aclaraban que él era ese dinosaurio.
La gente con quien dormía hacía siempre el mismo chiste al despertar (“¿Sigues ahí?” ) y escuchó tantas variaciones malas sobre el tema que dejó de acudir a fiestas y se planteó seriamente las ventajas de la vida célibe y solitaria del anacoreta.
Tomó demasiado café y las noches le parecían pobladas de risas y se negaba a dormir porque era lo que había empezado todo.
La zorra (que había sido difamada en más de una ocasión —no siempre falsamente—) le recomendó que tuviera paciencia. La memoria de la masa, dijo, es un conejo que corre buscando siempre otro agujero.
El dinosaurio no entendió la metáfora, pero agradeció el consejo y se resignó a esperar a que se cansaran de atormentarlo.
Pasó tiempo (incluso la zorra se sorprendió) pero al fin la tormenta empezó a amainar. El dinosaurio ya no fue tan popular y su imagen dejó de aparecer en diarios amarillistas y sitios XXX.
Y entonces pasó algo raro. El dinosaurio se sintió menos real después, hubo un vacío y un ahogo cuando los reflectores se alejaron y alguien no supo cómo completar el estribillo: “Y cuando despertó…”
El dinosaurio hizo un álbum de recuerdos, guardo los souvenirs y bibelots creados con su imagen, se encontró tarareando la canción y los chistes rancios le parecían increíblemente ingeniosos.
Ahora, cuando se rasura frente al espejo, cuando un funcionario le pregunta su nombre, cuando alguien duerme a su lado, el dinosaurio añora la fama y se pregunta si él en realidad sigue ahí.


martes, 12 de noviembre de 2019

Cocina rápida. José Luis Zárate.

Prisas. Prisas. 12 Invitados. Miró su reloj. Se había hartado de comer sola, por ello esta cena. Pero el tiempo, el maldito tiempo. Leyó las instrucciones. Sopa.
Tres cubitos. Añadir agua. Menos mal que se auto calentaba. Pollo. Sacó el paquete. Marcó en el formateador: Pierna y Muslo. En cocción frito. ¿Qué más? Frutas. No debía olvidar las frutas. Sacó los tubos de 100% natural y los exprimió en el plato. Sonrió. Todo iba a salir bien.
Faltaba algo... ¿qué? Estuvo a punto de abandonar la cocina cuando se acordó.
Que tonta. Añadió los invitados en polvo al hidratador, marcó 12 y mientras estaban listos se fue a vestir... 

 


martes, 16 de agosto de 2016

Las voces. José Luis Zárate.

Las voces dentro de la cabeza de Edgar Allan Poe encontraban menos molestos al cuervo y al gato negro, que vivían ahí dentro, que al maldito corazón que nunca se permitía un instante de silencio.

sábado, 28 de mayo de 2016

Eloísa. José Luis Zárate.

Eloísa miró sus manos y las líneas de su vida, quiso que ahí estuviera impreso el nombre de alguien que la alejara de su madre y de su abuela, de las duras obligaciones del cariño. Pero no había más que la certeza de que hoy, como ayer, debía verlas y soportar todas sus manías cotidianas y saber que su vida estaba pasando sin que nadie —ella, sobre todo— la aprovechara. Las dos mujeres mayores se la pasaban cuidándola de una eventual caída que Eloísa sabía dulce y cálida, dándole raciones de una amargura que nada tenía que ver con ella, víctima de pecados que nunca cometió. Día tras día el espejo mostraba cómo iba pareciéndose cada vez más a esas dos mujeres, como si fueran un par de vampiros dulces que quisieran transformarla hasta que ella también viera esa casa con jardín bien cuidado como el único lugar seguro del mundo, un ataúd adornado con carpetitas tejidas en la soledad, fuera del tiempo libre del mal, de los sexos masculinos que la buscaban, de esa malignidad que su madre y su abuela habían probado en el ayer, luz brillante que aún las quemaba. Eloísa entró a esa casa queriendo tener algún secreto. El perico la vio con inmensos ojos negros y ella tuvo la terrible sensación de que se había vuelto transparente. Había una nota en la cocina: fuimos por alpiste para Pepe, no tardamos. Diez, quince minutos de libertad para mirarse las manos y no ver más en ellas que el futuro reiterativo y hueco de su casa. Porque, es necesario decirlo, esas mujeres la habían transformado, sus miedos eran parte integral de su cuerpo, no en balde sentía asco de sólo pensar que un hombre la tocaba en forma intima, miraba envidiosa a sus compañeras y a sus novios pero sabía con toda la certeza de la desesperación que ella nunca podría librarse lo suficiente de su propia persona para permitir que alguien la besara. Nunca odió, era pecado, pero de pronto su boca se llenó de un sabor amargo que necesitaba escupir a la cara de alguien. Sintió como si de afuera, del otro lado de la calle, algo la fuera llenando de una furia densa y pesada, un río oscuro que la colmaba, desbordándola, sus cuidadas uñas de secretaria dejaron un camino en la madera de la mesa. Su madre y su abuela abrían en ese instante la puertita del jardín y ella quiso herirlas de una manera terrible. En cuanto entraron a la casa las mujeres se le quedaron viendo, los ojos desorbitados, y ella observó cómo se fueron poniendo pálidas, mientras sus manos secas cubrían sus labios arrugados, horrorizadas. Eloísa quiso gritarles que las odiaba y que su refugio contra el mal era maligno en sí, y que iba a dejarlas en ese preciso instante y tantas cosas más, pero de sus labios no salió una sola palabra sino, simplemente, un montón de plumas verdes, deshechas y ensangrentadas.

En Hyperia, José Luis Zárate, 1999.

jueves, 12 de mayo de 2016

Día 7 11:59. José Luis Zárate.


  Terminado el universo, Dios limpia la mesa de trabajo y guarda en los espejos todo el infinito que le sobró. 

lunes, 18 de abril de 2016

El fin del mundo. Manual de uso. José Luis Zárate.

SEÑALES 
Señales del Fin del Mundo: los relojes de sol se detienen.

C’EST LA VIE 

Tanto esperar el apocalipsis zombi para sobrevivir 12 minutos.

SOLEDAD 

Descubrió el tamaño de su soledad cuando despertó en medio del Fin del Mundo y no quiso proteger nada.

FLASH 

Nadie sabe bien porqué toman fotos del Apocalipsis.

ESTRUENDO 

Acostumbrados al estruendo cinematográfico pocos apreciaron el silencio y la sutileza con la que el apocalipsis nos envolvió a todos.

UN BUEN VINO 

Subió a la montaña con un buen vino para poder disfrutar a solas de los mares de fuego, los cielos en llamas y el Fin del Mundo.

CONGRESO 

En el congreso de hermenéutica dedicado a Lovecraft nadie apreció la aparición personal de Chtulhu.

TOKIO 

En medio del Apocalipsis Tokio añoró la delicadeza (ahora lo comprendía) con la que siempre la trató Godzilla.

EN ÓRBITA 

El astronauta no se explicaba porqué el mundo no estaba donde lo dejó. 







jueves, 31 de marzo de 2016

Érase una vez. José Luis Zárate.

Hachas, sangre, muerte. El cuento de la Caperucita es horrible, y más la versión que se cuentan entre sí los lobos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Miembro fantasma. José Luis Zárate. Tuiteratura.

El síndrome del miembro fantasma puede abarcar todo un cuerpo, a esta variante particular se le llama también nostalgia.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Microhorrores III. José Luis Zárate. Tuiteratura.

-Encontró una primera edición autografiada de Drácula oculta en una vieja caja. En cuanto le dio la luz del sol se volvió polvo.

-En realidad nos desconcertó mucho que las hadas volaran en círculos sobre los moribundos.

-La bruja se siente segura en los transportes modernos, sabe que su escoba en la bodega de equipajes puede sostener al avión.

-Las momias aman el bondage.

-Si bien momificaban gatos dejaron de hacerlo porque le quitaban majestad a las momias persiguiendo la punta de las vendas.

-El egiptólogo fue retirando las vendas de la reina embalsamada que, coqueta, esperaba que terminara para desnudarlo a él.

-Muchas momias no se mueven porque se dan cuenta de que 3,000 años después ya no importa la venganza.

-Nadie deseaba tocar ese piano que, nervioso, se comía las uñas.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Gatos de Schrödinger. José Luis Zárate. Tuiteratura.

-El doctor Schrödinger mira al gato extraño en el cajón de los calcetines y duda si es parte del experimento o no.


-Los gatos por correo que compró Schrödinger para su experimento llegaron perfectamente empacados, pero la mitad de las cajas venían vacías.


-El personal del laboratorio de Schrödinger sustituyó a los gatitos por crash test dummies.


-Por algún motivo, los gatos sobrevivientes al experimento de Schrödinger tienden al existencialismo y la melancolía.


-HEART ATACK. Lo que jamás esperó Schrödinger fue que el gato que surgiera de la caja fuera a resorte.


-A nadie le gustaba abrir las cajas de regalo que mandaba el Dr. Schrödinger.




martes, 3 de noviembre de 2015

Microhorrores. II. José Luis Zárate. Tuiteratura.

-El doctor pidió tres unidades de sangre, las pinzas, cuatro gramos de epinefrina, un exorcista...


-Los doctores visten de blanco en los hospitales para que los pacientes crean que los fantasmas no lo son


-Frankestein lo armó con las partes desechadas del hospital, el pobre monstruo murió de cáncer e insuficiencia renal.


-La espada cortó en dos la sombra del samurái.


-Los ninjas dominan el arte del sigilo. Sus sombras, apenadas, hacen más ruido que ellos.


-Shodō es la caligrafía japonesas. Sus maestros logran que al escribir "katana" el papel sangre.


-Nada hay bajo el maquillaje de esa geisha, ni siquiera un fantasma.


-FIN, dice el Necronomicón en su primera línea. Luego vienen las instrucciones de cómo lograrlo.


-El patito de goma empieza a hundirse en la bañera, el perro de peluche se convierte en tela, alguien cierra los ojos abiertos del niño.


-El niño no distingue fantasía y realidad. Para él los patitos de goma están vivos y sus padres lo aman. 






lunes, 19 de octubre de 2015

Sirenas. José Luis Zárate. Tuiteratura.

-Desnudar una sirena requiere técnicas de descame demasiado sangrientas para los románticos.

-Las sirenas comprenden pocas cosas de nuestro mundo, y nosotros no entendemos sus ojos coral, sus manos liquen, la marea lenta de su sangre.

-Como más amamos a las sirenas es fuera del agua, sin su cola de pescado, ni sus ánimos carnívoros y en fin, cuando no son sirenas.

-A las sirenas les extraña el hecho de que si pones un marino en tu oído no escuchas el mar.

-Puedes amar a una sirena pero no dejas notar, tal vez cuando te devora, su naturaleza depredadora.

-Las sirenas que han abandonado el mar, reducen un poco su nostalgia cuando miran nadar las aves en el cielo.

-Durante el amor, las sirenas disfrutan de los sonidos de ellos, que se ahogan en su cuerpo.

-Durante el sexo, los amantes de las sirenas tratan de ser un mar.

-Las sirenas descubren que las lágrimas saben a mar, y se preguntan qué hizo a los dioses llenar medio mundo con su dolor.

-El salino sabor de las lágrimas hace preguntarse a las sirenas cuanto mar tenemos dentro.

-Las sirenas cantan en bares a donde llegan Odiseos de gabardina y sombrero fedora dispuestos a descubrir cuántas formas hay de naufragar.

-Después de llegar a tierra, de vivir una vida humana, las sirenas empezaron a soñar con volar.

-Los retratistas odian pintar sirenas, nunca les sale bien la voz.






domingo, 4 de octubre de 2015

Microhorrores. José Luis Zárate. Microhorrores.

Las plantas de carne no son el horror, son las sutiles raíces de sangre que nos beben.


El guiso era tan bueno que se chupó los dedos, los mordisqueó, fue arrancando con cuidado cada deliciosa uña.


La devoró con la mirada. Ella no podía apartar la vista de esos ojos llenos de dientes.


AGUA PESADA. Las nubes cayeron sobre nosotros, silbando como bombas.


Con qué majestad, poder y maldad las mariposas en Tokio desplegaron sus alas.


El que las tormentas causadas por mariposas sean poéticamente multicolores no consuela a nadie.


LUNA LLENA. Después de devorar la Tierra no podía con un bocado más.


Los polluelos gritan de horror y aun así los padres siguen llenándoles la boca de gusanos.


Sólo tiene un año de muerto, dice la orgullosa madre, y ya camina.


Relájese, dijo la enfermera sin rostro.


Llueve sangre, salimos a ver. El cielo, herido de muerte, empezó a caer.


Salió del pastel. Como no hubo sobrevivientes nunca supimos qué.





miércoles, 16 de septiembre de 2015

Cómo terminó la humanidad. José Luis Zárate. Tuiteratura.

CÓMO TERMINÓ LA HUMANIDAD. Regresamos a la naturaleza. Un día amanecimos llenos de ramas, de frutos; gritamos y nuestro grito fueron hojas.


CÓMO TERMINÓ LA HUMANIDAD. Dejando desconcertada al hada de los dientes que encontró millones y a nadie a quien darle tantas monedas.


CÓMO TERMINÓ LA HUMANIDAD. Dejándole al eco la última palabra.


martes, 21 de julio de 2015

Mariposas. José Luis Zárate. Tuiteratura (selección).



-SOMBRAS CHINESCAS: Creó unas mariposas con sus manos. Con qué horror las vio volar lejos.

-Las orugas saben que las mariposas se alejan con ajos y cruces, que para destruirlas hay que clavarles un alfiler en el corazón.

-Encontraron al coleccionista de mariposas en su vitrina de ejemplares con un alfiler en el corazón y la ficha con su correcta clasificación. 


domingo, 14 de junio de 2015

Libros. José Luis Zarate. Tuiteratura. (Selección)



-El Libro del Amor trae las últimas hojas rotas.

-Sólo con la ausencia total de ruido puede leerse el Libro del Silencio. Nadie ha podido evitar el susurro de la mirada sobre sus letras.

-En medio del Libro de Arena hay un espejismo.

-Abrió el libro, con un aleteo de aves las letras huyeron.

-Amo ese libro que, infiel, le canta a otros ojos.

-En el atlas de desiertos hay una página, líquida y fresca, que no existe pero parece estar ahí, justo enfrente.



domingo, 10 de mayo de 2015

martes, 14 de abril de 2015

El reflejo. José Luis Zarate. Tuiteratura.



—¡Mamá! —exclamó el niño, ante el espejo del ascensor—. ¿Y mi reflejo?
—Calma, hijo, volveremos al parque, buscaremos en todos los charcos.