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sábado, 8 de febrero de 2020

Última versión. Javier Sáez de Ibarra.

En plena noche, se levantó y fue al cuarto de baño. Ahí estaba cuando dos ladrones acuchillaron a su mujer y a su hijo pequeño. Él había sentido el cuchicheo y los pasos de los asaltantes, también supo por los movimientos sordos que hubo una lucha con su mujer, quien debió de despertarse un momento antes de que la mataran. Buscó entre los utensilios del baño algo que le sirviera de arma; no lo halló. Se quedó de pie, tras la puerta, quieto, conteniendo los ruidos. Los hombres se tomaron un tiempo para registrar algunos cajones, encontraron joyas, pocas, dinero, hasta que se dieron por satisfechos. Se marcharon pronto.
El hombre barajó y sostuvo versiones diferentes -digamos, catorce- de estos hechos. Antes de añadir una nueva muerte a la narración. 

 

martes, 19 de septiembre de 2017

Motivo de la verdad. Javier Sáez de Ibarra.

Mirándose a los ojos en un espejo
sin desviarlos
durante ocho o diez minutos
-según los casos-
antes de que resulte aburrido, tonto o fastidioso
hay un instante
en que uno puede descubrir si es feliz.
Ese es el momento del cataclismo.
Luego
años más tarde
o un solo segundo después
podemos:
sostener la mirada
o
caer en el olvido.

 

viernes, 14 de julio de 2017

Motivo del aprender. Javier Sáez de Ibarra.

Aquel hombre vio cómo su hijo
cogía una piedra, tomaba impulso, la lanzaba contra un cristal -que saltó en pedazos- y salía corriendo.
Recordó que, treinta y seis años antes, él había hecho exactamente lo mismo.
Ahora miró al dueño de la tienda
salir a toda prisa, quedarse mirando la calle sin gente, y cómo lo invadía la desesperación por aquella pérdida.
Veía, por fin, el dolor del hombre al que había humillado treinta y seis años antes.
Lo vio lamentarse en la misma calle burlona y sucia.
Pensó.
¿Cuántas veces tiene que repetirse esto?
Porque cada uno de nosotros ha de aprenderlo
todo
de nuevo.