Como cuando crees haber pasado una página y descubres que has pasado dos, al meter la cucharilla en la taza de café y efectuar el clásico movimiento circular en aras de la disolución del azúcar, me doy cuenta de que entre mis dedos hay en realidad dos cucharas. Vendrían pegadas la una a la otra, me digo para tranquilizarme tras el sobresalto inicial. Dejo las dos cucharas en el platillo donde reposa la taza y me llevo ésta a la boca para comprobar la temperatura del cortado. Demasiado caliente, me digo, tendría que haberlo pedido con la leche natural. Y, al ir a devolver la taza al plato, el sonido de la porcelana contra la porcelana antes de lo esperado me hace comprender, horrorizado, que en el plato del que he levantado la taza reposa otra taza exactamente igual a la que sostengo yo en mi mano. Sin pensármelo dos veces, dejo el cortado en la mesa y me levanto con la única idea en la cabeza de abandonar cuanto antes este bar. Un instante antes de alcanzar la puerta escucho mi propia voz que, desde la mesa, me llama por mi nombre.
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sábado, 10 de diciembre de 2022
miércoles, 15 de mayo de 2019
Solicitud denegada. Raúl del Valle.
Un precioso busto de Superlópez, tallado en piedra,
presidía desde un alto estante el despacho en el que me citaron para
comunicarme el resultado de las pruebas de acceso.
Sin levantarse de la silla, el técnico de selección
me indicó que me sentara frente a él y rebuscó entre una enorme pila de papeles
hasta dar con el informe referente a mi persona.
Me explicó, señalando el montón de informes según
dijo pendientes de entrega, que recibían muchísimas solicitudes, por lo que
debían ser muy estrictos a la hora de aceptar nuevos alumnos, y que en mi caso
los resultados de las pruebas eran claros: quedaba demostrada mi capacidad para
mover objetos con la mente pero, dada la lentitud con la que lo hacía (1
milímetro al minuto), aquello no pasaba de ser una peculiaridad que, además,
estaba bastante extendida.
La telequinesis del caracol, la llamamos en el
sector, es muy útil si se te queda lejos el mando a distancia pero no da como
para iniciar una carrera de superhéroe, concluyó con una sonrisa de
suficiencia.
Afortunadamente, al tipo le gustaba escucharse a sí
mismo y el busto de Superlópez estaba lo suficientemente cerca del borde del
estante.
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