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martes, 19 de julio de 2022

Mi hada y yo. Loli Rivas.

Mi hada me lleva al cole cada día me gusta mucho ir con ella porque antes el cole me daba miedo y lloraba pero mi hada me dijo que las mujeres de verdá no tienen miedo y que cada día es una ventura.
Un día el hada me dijo si no tienes miedo te contaré un cuento todos los días y yo le digo vale un cuento un cuento y cuando vamos por la calle me dice elige alguien y yo digo ese señor y el hada me cuenta que el señor tamién va a un cole como el mío pero con gente mayor que se llama ficina y sabes qué en ficina no tienen patio y le digo pero hada el señor no lleva la bata ni bocadillo y el hada dice no tiene hambre porque está morado de una chica de la ficina y yo uuaaaaala no está morado está color carne ¿por qué no puedes comer si estás morado?
Lo que más me gusta es cuando dormimos las dos en su cama grande grande y mi hada saca sus varitas mágicas que son como los libros del cole pero con cuentos dentro yo se lo digo que no son varitas y ella me dice que las mujeres de verdá tienen marginación pero está mal dicho se dice imaginación entonces imaginaciono que son varitas y me encanta cuando al hada se le caen las gafas hasta la punta de la nariz qué risa y dice erase una vez es que a mí los prinpicios me gustan más que los finales.

martes, 1 de marzo de 2022

Todo el mundo quiere a Eme. Loli Rivas.

Si Eme no existiera habría que inventarlo. Nadie sabe de dónde ha salido ni cuánto hace que anda limpiando la suciedad y el mal rollo de este barrio. Siempre tiene a punto una sonrisa espléndida y unos muy buenos días, como si en lugar de ir de un lado para otro sacando brillo de donde no lo hay tuviese una misión secreta que se afana en cumplir día tras día, un propósito más allá del bien y del mal que le tiene enormemente satisfecho.
Eme observa y saluda a todos como si cada uno de nosotros fuese algo extraordinario, como esforzándose en mostrar un lado amable que no consigue ocultar del todo su auténtica naturaleza. No es ni joven ni viejo, ni alto ni bajo, ni guapo ni feo, lo único destacable en él es una pequeña joroba. Por lo demás Eme es normal, corriente, olvidable. Lo suyo le ha costado.
También es muy escrupuloso con sus escasas posesiones: una bata impecable, unos cuantos trapos y un carrito de basurero del que asoma el mango de la escoba, que por cierto nunca saca la cabeza de su escondite. Nadie se explica cómo están las calles tan relucientes si a Eme nunca se le ha visto barrer.
Al final del día, Eme sigue teniendo a punto una sonrisa y un hasta mañana que suena algo más siniestro de lo que debería ser un mañana. Tal vez sea por el cansancio, o porque Eme ya está harto de interpretar a un agradable barrendero invisible. Por eso cada noche, cuando acaba su turno, está deseando hacer su otro trabajo, el de verdad, que consiste básicamente en ser él mismo: primero se quita la bata y la cuelga en una percha dentro de su taquilla. Luego inspira con fuerza y sacude la joroba para desplegar las dos enormes alas negras agazapadas en lo alto de su espalda. Tira del mango de madera que sobresale del carrito y empuña con firmeza su guadaña, que no tarda en alcanzar el triple del tamaño que tenía cuando era escoba. Eme completa la transformación envolviéndose en una capa que hace sólo un instante era un montón de trapos, emprende el vuelo y desaparece. Si alguien pudiese verle ahora no se iba a olvidar de él en la puta vida.