España
1942.
Jugaban
a estar muertos. Juan solía hacerlo de forma dramática hincando las
rodillas en el suelo y dejándose caer hacia delante. Aseguraba que
había visto morir así a un fusilado detrás del cementerio. El
Pelao prefería caerse hacia atrás torpemente. Pero el que mejor lo
hacía era Angelillo, el hijo de la viuda. Se agarraba el estómago
con manos crispadas y se desplomaba poniendo un gesto de agonía tan
real que daba escalofríos. A todos les sorprendía su manera de
meterse en el papel porque, cuando volvían a su casa, por el camino
seguía agarrándose la barriga y poniendo gesto de dolor.
Mostrando entradas con la etiqueta Sara Nieto Yuste. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sara Nieto Yuste. Mostrar todas las entradas
jueves, 16 de abril de 2026
Hambre. Sara Nieto.
miércoles, 4 de enero de 2023
El día que dejamos el pueblo. Sara Nieto Yuste.
<< Al diablo con la Rosa. Que le den a la Juliana >>, mascullaba mamá entre dientes. << Basta ya de secretos y de esquivar miradas furtivas tras las cortinas >>. Se puso sus mejores ropas, me agarró con decisión y salimos por la puerta. << Levanta bien la cabeza, Agustín, que hoy vamos a ver a tu papá >>, dijo en voz bien alta al pasar frente a las casas de las cotillas. Y, confundido, pensé que mi madre había perdido la chaveta porque en vez de ir al cementerio fuimos directos a la casa del cura.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

