Porque
el sueño es un animal fronterizo como los lagartos…
El
sueño es un lagarto.
Vive
en la frontera de dos grandes peñascos,
no
tiene raíces, va de un lado a otro lado,
de
la luz a la sombra, de la sombra a la luz… de un peñasco a otro
peñasco.
Se
agarra del péndulo que oscila entre los mundos que separan la
rendija entreabierta de mis párpados]
y
se mete en el cubo del pozo que tan pronto está arriba como abajo.
En
el crepúsculo del sueño nada está firme ni clavado… y el lagarto
vive
fuera del tiempo y del espacio.]
Pero
el sueño no es un enemigo del hombre como el zorro, es enemigo de la
tachuela y del cálculo;]
de
las duchas heladas y del puñal del amoniaco.
Existen
la razón y la aritmética dominando
y
el sueño y la locura aherrojados…
La
locura también es un lagarto.
Porque
el lagarto va y viene también del yelmo a la bacía y de la bacía
al yelmo. Y el juez, el cura, Don Fernando,]
el
burlón, el prestidigitador y el catedrático
ya
no sabe ninguno qué es lo que tiene en la cabeza aquel hidalgo.
¿Quién
ha gritado baci-yelmo?, Sancho.
Baci-yelmo
también, es un lagarto.
Preguntad
otra vez: ¿Y si estuviésemos ya locos? ¿O si siguiésemos
soñando?]
¿Si
no hubiésemos dejado
de
soñar, Segismundo, y el destierro ahora aquí y
España
allá, en el otro lado
fuesen
el juego viejo y nuevo de un dios, no de un rey bárbaro,
el
sueño eterno y español de la «caverna y el palacio»?
«Yo
sueño que estoy aquí,
de
estas prisiones cargado
y
soñé que en otro estado»…
Si
no hubiésemos dejado
de
soñar, Segismundo, y alguien después de ti hubiese definitivamente
dado
el
grito subversivo de ¡Arriba, arriba los lagartos!
¿Si
tú y yo, el místico, el biólogo, el psicólogo y el matemático
ya
hubiésemos sacado nuestra espada para defender a los lagartos?
Porque
si el pájaro
no
se escondió en la biblioteca ni en el follaje barroco del retablo,
si
huyó del pan, del vino y del binomio… de las manos de los
arzobispos y los sabios,]
si
no está en la retorta ni en el vaso sagrado
tendremos
que buscarlo
en
el ritmo pendular de la locura, del sueño o del borracho…
El
borracho también es un lagarto.
Porque
tal vez el hombre no sea un animal domesticado
que
cuenta, que gobierna y que razona, sino algo
que
sueña, que enloquece y que vacila, algo…
«¿No
pusiste allí un candil?
¿Cómo
me parecen dos?»
¿Aquello
es un peñasco o dos peñascos?
¿Y
si la luz fuese la sombra, la gracia el pecado,
la
oración la blasfemia, el cielo el infierno y el oro el guijarro?
¿Si
el verso, poetas cortesanos,
si
el verso no fuese de cristal sino de barro?
¿SÍ
hacia la derecha y hacia la izquierda fuesen sólo una vana y estéril
disputa de las manos?]
¿Si
no hubiese boca arriba y boca abajo
y
no supiésemos tampoco quién es el que duerme al revés, la lechuza
o el murciélago?]
¿Si
de tanto dar vueltas, de tanto columpiarnos,
de
tanto ir y venir del caño al coro y del coro al caño
nos
trabucásemos diciendo ¡cono!, pero si no sabemos dónde estamos?
Y
ésta es la hora blasfematoria y negra en el reino crepuscular de los
lagartos;]
la
hora en que se apagan las antorchas, las linternas, los faroles
urbanos y los faros;]
la
hora en que se escapan las estrellas por el turbio pantano de los
sapos;
la
hora en que los letreros de las callejuelas y de las grandes avenidas
se desploman, y se desploman los borrachos;]
la
hora en que nos llevan a la iglesia como a una casa de socorro…
la
hora de la camilla, del hisopo y del puñal del amoníaco…
la
hora en que nos vuelven a la vida, a la vida otra vez: a la razón y
al llanto.
¿Y
si la muerte fuese la vida y la vida la muerte, y yo aquí ahora,
espatarrado
entre
los dos peñascos
no
pudiese decir en qué sitio se apoyan mis zapatos?
He
visto nacer y morir. He asistido a un enterramiento y a un parto.
Y
me ha parecido siempre que el que nace, el que llega, llega como
forzado…]
que
alguien lo empuja por detrás, que lo echan a puntapiés y puñetazos
de
algún sitio, y le arrojan aquí, que por eso aparece llorando.
El
comadrón le coge en el aire como un futbolista la pelota.
En
cambio,
¿no
es verdad que una tumba es una dulce puerta, una mampara que nos abre
en la tierra con cuidado]
una
mano cumplida y cortesana, una mano
que
nos indica reverente: Por aquí, por aquí, pase usted por aquí; en
su despacho,]
está
el señor Presidente esperándolo?
Y
hay hombres que estuvieron con la puerta entreabierta para pasar, y
no pasaron;]
hombres
en agonía que estuvieron casi del otro lado,
hombres
en agonía larga, como Lázaro…
Lázaro
también es un lagarto.
Lo
volvieron al llanto cuando huía tirándole del rabo.
Porque
tal vez nos salvan desde allá, y a los ahogados, a los
definitivamente ahogados,]
desde
la otra ribera les arrojan un cabo.
¿Se
salvan los que mueren? ¿La vida es un naufragio?
Éste
es el reino, amigos, de la interrogación y del lagarto.
Del
lagarto
que
se mece en el columpio del cangilón y pasa por la luz y el
subterráneo
con
un tiempo y un ritmo poemáticos…
¡Eh,
alto!
El
poema también es un lagarto,
y
el poeta, el Gran Emperador de los lagartos.
Y
yo digo ahora aquí, aquí, colgado
del
péndulo que oscila entre los mundos que separan la rendija
entreabierta de mis párpados,]
aquí
y ahora —sacad el reloj— a las tres, con el pico rojinegro del
gallo:
Oíd,
amigos, la revolución ha fracasado.
Subid
las campanas de nuevo al campanario,
devolvedle
la sotana al cura y al capataz el látigo,
clavad
esas bisagras y quitadle el orín a los candados…
que
venga el cristalero y que componga los cristales rotos de los
balcones de Palacio…]
Arreglad
las trampas y los cepos y comprad alambre para los vallados…
Sacad
de vuestros cofres los anillos ducales, las libreas y los viejos
contratos…]
Coronad
a los poetas otra vez con hojas de laurel purpurinado
y
regaladle al Presidente si queréis una medallita y un escapulario.
¡Viva
Cristo Rey! ¡La Revolución ha fracasado!
Esto
lo he dicho a las tres. Pero ahora digo a las cuatro:
No
obstante, el que se haga una casa, que la haga teniendo en cuenta
ciertos planos.]
y
el que escriba un poema, que no olvide que se han visto ya pájaros
que se le escapan de la jaula al matemático.]
Por
ejemplo: dos y dos no son cuatro.
(Y
que no se solivianten el tenedor de libros y el rotario:
todavía
seguiremos sumando unos cuantos días como antes, para que no se
colapsen los bancos).]
y
digo además: Se han oído gritos desesperados, aullidos y blasfemias
en el subterráneo;]
se
espera que después del homo sapiens, de los retóricos y de los
teólogos, surja un cráneo]
que
rompa los barrotes y los muros: Dios está todavía encarcelado.
Vendrán
poetas de pólvora y barreno, con la mecha en la mano,
y
harán saltar la roca donde aún sigue Prometeo encadenado.
(Pero
no os asustéis. Antes nos comeremos otra vez el rancio pastelón
eclesiástico]
para
que no se arruinen los panaderos de pan ázimo).
y
esto no lo digo ni con los conejos del corral ni con las palomas del
tejado.
lo
digo desde el cubo del pozo, que tan pronto está arriba como abajo.
Pero…
¿y el Hombre? EL hombre… ¿es un mestizo o un ario?
El
hombre… (sigo hablando desde el cubo del pozo, desde el púlpito de
los lagartos),]
yo
lo he visto en las ruinas de Itálica, verdinegro, entre el ibero y
el romano,
y
en las ruinas de Uxmal y Chichén, verdinegro, entre el maya y el
caballero castellano…]
Yo
lo he visto entre el maíz amarillo y el trigo blanco,
en
la primera rendija de la aurora, entre las tres y las cuatro,
entre
la luna y el sol… en el pico ronco y agudo del gallo…
Yo
lo he visto entre el polvo y el agua, entre la sed y la nube… en el
barro…
El
hombre es un mestizo y el mestizo también es un lagarto.
Ahora…
anotad estas voces que suben del sótano:
¿Venimos
a crecer o a purgar?
¿Nos
abrieron la puerta o la forzamos?
¿Quién
estaba allí cuando partimos?
¿Quién
nos despidió en el otro lado?
¿El
gorila
o
el ángel desterrado?
Éste
es el reino, amigos, de la interrogación y del lagarto.
Y
aunque nadie conteste, yo vuelvo a preguntar:
¿Quién,
quién sostiene y levanta la verdad redentora entre las manos,
quién
es el sacerdote, el obispo o el sabio?
¿Dónde
está Dios? ¿Está Dios en el cáliz o en el tubo de ensayo?
¿Dónde
está Dios? ¿Está en el vino puro y en las harinas pálidas del
ario,
o
está aquí, en las fronteras pendulares
del
mestizo,
del
poeta,
del
agónico,
del
borracho,
del
loco,
y
del sonámbulo?
¿Aquí,
aquí en el cubo del pozo, que tan pronto está arriba como abajo;
aquí,
aquí, en el poema, a caballo
en
la rendija entreabierta de mis párpados…?
¿Aquí…
en el reino crepuscular de los lagartos?
Los lagartos, 1941.

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