domingo, 16 de agosto de 2026

El emperador de los lagartos. León Felipe.

Porque el sueño es un animal fronterizo como los lagartos…
El sueño es un lagarto.
Vive en la frontera de dos grandes peñascos,
no tiene raíces, va de un lado a otro lado,
de la luz a la sombra, de la sombra a la luz… de un peñasco a otro peñasco.
Se agarra del péndulo que oscila entre los mundos que separan la rendija entreabierta de mis párpados]
y se mete en el cubo del pozo que tan pronto está arriba como abajo.
En el crepúsculo del sueño nada está firme ni clavado… y el lagarto
vive fuera del tiempo y del espacio.]
Pero el sueño no es un enemigo del hombre como el zorro, es enemigo de la tachuela y del cálculo;]
de las duchas heladas y del puñal del amoniaco.
Existen la razón y la aritmética dominando
y el sueño y la locura aherrojados…
La locura también es un lagarto.
Porque el lagarto va y viene también del yelmo a la bacía y de la bacía al yelmo. Y el juez, el cura, Don Fernando,]
el burlón, el prestidigitador y el catedrático
ya no sabe ninguno qué es lo que tiene en la cabeza aquel hidalgo.
¿Quién ha gritado baci-yelmo?, Sancho.
Baci-yelmo también, es un lagarto.
Preguntad otra vez: ¿Y si estuviésemos ya locos? ¿O si siguiésemos soñando?]
¿Si no hubiésemos dejado
de soñar, Segismundo, y el destierro ahora aquí y
España allá, en el otro lado
fuesen el juego viejo y nuevo de un dios, no de un rey bárbaro,
el sueño eterno y español de la «caverna y el palacio»?
«Yo sueño que estoy aquí,
de estas prisiones cargado
y soñé que en otro estado»…
Si no hubiésemos dejado
de soñar, Segismundo, y alguien después de ti hubiese definitivamente dado
el grito subversivo de ¡Arriba, arriba los lagartos!
¿Si tú y yo, el místico, el biólogo, el psicólogo y el matemático
ya hubiésemos sacado nuestra espada para defender a los lagartos?
Porque si el pájaro
no se escondió en la biblioteca ni en el follaje barroco del retablo,
si huyó del pan, del vino y del binomio… de las manos de los arzobispos y los sabios,]
si no está en la retorta ni en el vaso sagrado
tendremos que buscarlo
en el ritmo pendular de la locura, del sueño o del borracho…
El borracho también es un lagarto.
Porque tal vez el hombre no sea un animal domesticado
que cuenta, que gobierna y que razona, sino algo
que sueña, que enloquece y que vacila, algo…
«¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?»
¿Aquello es un peñasco o dos peñascos?
¿Y si la luz fuese la sombra, la gracia el pecado,
la oración la blasfemia, el cielo el infierno y el oro el guijarro?
¿Si el verso, poetas cortesanos,
si el verso no fuese de cristal sino de barro?
¿SÍ hacia la derecha y hacia la izquierda fuesen sólo una vana y estéril disputa de las manos?]
¿Si no hubiese boca arriba y boca abajo
y no supiésemos tampoco quién es el que duerme al revés, la lechuza o el murciélago?]
¿Si de tanto dar vueltas, de tanto columpiarnos,
de tanto ir y venir del caño al coro y del coro al caño
nos trabucásemos diciendo ¡cono!, pero si no sabemos dónde estamos?
Y ésta es la hora blasfematoria y negra en el reino crepuscular de los lagartos;]
la hora en que se apagan las antorchas, las linternas, los faroles urbanos y los faros;]
la hora en que se escapan las estrellas por el turbio pantano de los sapos;
la hora en que los letreros de las callejuelas y de las grandes avenidas se desploman, y se desploman los borrachos;]
la hora en que nos llevan a la iglesia como a una casa de socorro…
la hora de la camilla, del hisopo y del puñal del amoníaco…
la hora en que nos vuelven a la vida, a la vida otra vez: a la razón y al llanto.
¿Y si la muerte fuese la vida y la vida la muerte, y yo aquí ahora, espatarrado
entre los dos peñascos
no pudiese decir en qué sitio se apoyan mis zapatos?
He visto nacer y morir. He asistido a un enterramiento y a un parto.
Y me ha parecido siempre que el que nace, el que llega, llega como forzado…]
que alguien lo empuja por detrás, que lo echan a puntapiés y puñetazos
de algún sitio, y le arrojan aquí, que por eso aparece llorando.
El comadrón le coge en el aire como un futbolista la pelota.
En cambio,
¿no es verdad que una tumba es una dulce puerta, una mampara que nos abre en la tierra con cuidado]
una mano cumplida y cortesana, una mano
que nos indica reverente: Por aquí, por aquí, pase usted por aquí; en su despacho,]
está el señor Presidente esperándolo?
Y hay hombres que estuvieron con la puerta entreabierta para pasar, y no pasaron;]
hombres en agonía que estuvieron casi del otro lado,
hombres en agonía larga, como Lázaro…
Lázaro también es un lagarto.
Lo volvieron al llanto cuando huía tirándole del rabo.
Porque tal vez nos salvan desde allá, y a los ahogados, a los definitivamente ahogados,]
desde la otra ribera les arrojan un cabo.
¿Se salvan los que mueren? ¿La vida es un naufragio?
Éste es el reino, amigos, de la interrogación y del lagarto.
Del lagarto
que se mece en el columpio del cangilón y pasa por la luz y el subterráneo
con un tiempo y un ritmo poemáticos…
¡Eh, alto!
El poema también es un lagarto,
y el poeta, el Gran Emperador de los lagartos.
Y yo digo ahora aquí, aquí, colgado
del péndulo que oscila entre los mundos que separan la rendija entreabierta de mis párpados,]
aquí y ahora —sacad el reloj— a las tres, con el pico rojinegro del gallo:
Oíd, amigos, la revolución ha fracasado.
Subid las campanas de nuevo al campanario,
devolvedle la sotana al cura y al capataz el látigo,
clavad esas bisagras y quitadle el orín a los candados…
que venga el cristalero y que componga los cristales rotos de los balcones de Palacio…]
Arreglad las trampas y los cepos y comprad alambre para los vallados…
Sacad de vuestros cofres los anillos ducales, las libreas y los viejos contratos…]
Coronad a los poetas otra vez con hojas de laurel purpurinado
y regaladle al Presidente si queréis una medallita y un escapulario.
¡Viva Cristo Rey! ¡La Revolución ha fracasado!
Esto lo he dicho a las tres. Pero ahora digo a las cuatro:
No obstante, el que se haga una casa, que la haga teniendo en cuenta ciertos planos.]
y el que escriba un poema, que no olvide que se han visto ya pájaros que se le escapan de la jaula al matemático.]
Por ejemplo: dos y dos no son cuatro.
(Y que no se solivianten el tenedor de libros y el rotario:
todavía seguiremos sumando unos cuantos días como antes, para que no se colapsen los bancos).]
y digo además: Se han oído gritos desesperados, aullidos y blasfemias en el subterráneo;]
se espera que después del homo sapiens, de los retóricos y de los teólogos, surja un cráneo]
que rompa los barrotes y los muros: Dios está todavía encarcelado.
Vendrán poetas de pólvora y barreno, con la mecha en la mano,
y harán saltar la roca donde aún sigue Prometeo encadenado.
(Pero no os asustéis. Antes nos comeremos otra vez el rancio pastelón eclesiástico]
para que no se arruinen los panaderos de pan ázimo).
y esto no lo digo ni con los conejos del corral ni con las palomas del tejado.
lo digo desde el cubo del pozo, que tan pronto está arriba como abajo.
Pero… ¿y el Hombre? EL hombre… ¿es un mestizo o un ario?
El hombre… (sigo hablando desde el cubo del pozo, desde el púlpito de los lagartos),]
yo lo he visto en las ruinas de Itálica, verdinegro, entre el ibero y el romano,
y en las ruinas de Uxmal y Chichén, verdinegro, entre el maya y el caballero castellano…]
Yo lo he visto entre el maíz amarillo y el trigo blanco,
en la primera rendija de la aurora, entre las tres y las cuatro,
entre la luna y el sol… en el pico ronco y agudo del gallo…
Yo lo he visto entre el polvo y el agua, entre la sed y la nube… en el barro…
El hombre es un mestizo y el mestizo también es un lagarto.
Ahora… anotad estas voces que suben del sótano:
¿Venimos a crecer o a purgar?
¿Nos abrieron la puerta o la forzamos?
¿Quién estaba allí cuando partimos?
¿Quién nos despidió en el otro lado?
¿El gorila
o el ángel desterrado?
Éste es el reino, amigos, de la interrogación y del lagarto.
Y aunque nadie conteste, yo vuelvo a preguntar:
¿Quién, quién sostiene y levanta la verdad redentora entre las manos,
quién es el sacerdote, el obispo o el sabio?
¿Dónde está Dios? ¿Está Dios en el cáliz o en el tubo de ensayo?
¿Dónde está Dios? ¿Está en el vino puro y en las harinas pálidas del ario,
o está aquí, en las fronteras pendulares
del mestizo,
del poeta,
del agónico,
del borracho,
del loco,
y del sonámbulo?
¿Aquí, aquí en el cubo del pozo, que tan pronto está arriba como abajo;
aquí, aquí, en el poema, a caballo
en la rendija entreabierta de mis párpados…?
¿Aquí… en el reino crepuscular de los lagartos?

Los lagartos, 1941.

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