sábado, 25 de febrero de 2023

Tirteo. Rafael Alberti.

1.

Tú eras cojo, Tirteo. Así estos cantos

a los que faltan pies, pero no el alma.




2.

¿Qué tienes, dime, Musa de mis cuarenta años?

-Nostalgias de la guerra, de la mar y el colegio.




3.

Vi marcharse mi Musa en traje de soldado.

-Ahora, ten esa voz. Si la sostienes,

la verás verdecer, luego, en las nubes.

-Oh, Musa!…

Una humareda

me la quitó dejándome este acento.




4.

Musa mía, te vi, ya entre dos luces,

pisoteada, magullada, herida,

torcer, por las afueras de la muerte,

al campo solo, al mundo solitario.




5.

Triscaba Europa al borde de sus ríos

cuando fue arrebatada a los infiernos.




6.

¡Ay, raza, de qué raza, de qué madre!




7.

¿En dónde está ese vientre, triste cueva,

ese varón, aquel instante oscuro?




8.

¿Era hombre, era hembra, fue un momento?

¿Es que desvariaban, desasidas,

fuera de sí, sangrantes, las entrañas

de la tierra? ¿Es que pudo

degajársele al Tiempo un sólo grano

para ese parto oblicuo de las sombras?




9.

En el día de la ira,

las bocas de las madres bajarán a los vientres.




10.

Habrá matriz gozosa que conciba

una bala, un puñal premeditados.




11.

Yo te defenderé.

-¿De qué manera,

si tú mismo te arrancas,

cada vez que eso dices,

pálido, osado, un diente?




12.

¡Adelante! ¡Adelante!

(Y eran muertos

los que sólo en sus nieblas le seguían.)

¡Adelante!

(Y su voz

era ya de los muertos que se la repetían.)




13.

Tú eres la hija de la nieve humana.

Y hay que ser fuego puro,

alta llama continua,

para ser merecida brasa tuya.




14.

Una bala y dos metros de tierra solamente

-les dijeron.

Y el campo

dio en vez de trigo cruces.




15.

Y el soldado en la nieve pensó que era palmera

y que se le llenaban de dátiles los brazos.




16.

Y aquel alférez del desierto iba

sonámbulo entre sombras congeladas de pinos.




17.

¿Qué es un niño en la nieve? ¿Qué es un niño

llorando, solo, en busca de su aldea?




18.

Hay muertos cuya paz merecía

ser quebrantada todas las auroras.




19.

Yace el soldado. Un perro

sólo ladra por él furiosamente.




20.

Yace el soldado. Vino

a preguntar por él un arroyuelo.




21.

Yace el soldado. El bosque

baja a llorar por él cada mañana.




22.

Yace el soldado. Un niño

vino en el aire a hablarle de su aldea.




23.

Yace el soldado. Nadie

pudo saber su nombre. Y le pusieron

el de un pueblo caído en un barranco.




24.

Párate aquí, vilano. Detente, vientecillo.

¿Es alguno capaz de recordarme?




25.

Yo fui soldado, huesos

para la encarnadura de la patria.




26.

No tengo patria. Puedes

sembrar mis huesos junto a cualquier río.




27.

Morir al sol, morir,

viéndolo arriba,

cortado al resplandor

en los cristales rotos

de una ventana sola,

temeroso su marco

de encuadrar una frente

abatida, unos ojos

espantados, un grito…




Morir, morir, morir,

bello morir, cayendo

el cuerpo en tierra, como

un durazno ya dulce,

maduro, necesario…




28.

Pensé que al toque de diana iban

regresando los hombres a su alma.




29.

¡Qué tristeza cantar mordiéndose los dientes,

poniendo cabezal a las palabras,

cincha al libre latido de la lengua,

cedazo al estruendo de la sangre!




30.

Suéltate, boca, pues que ya no puedes

sufrir más los cerrojos que te han puesto.




31.

Días en que la frente es una piedra

anhelante de herir en mil pedazos.




32.

¿Y por qué si yo oculto en el pecho una espada

no he de ocultarla dentro del pecho de los otros?




33.

Tal vez llore algún día

estas bridas que aquí matan mis versos.




34.

Tú eras la Poesía.

Recién parida, fuerte, dando saltos,

plantando el sol sobre una tierra insigne.

¿Qué fue de ti, radiosa transplantada?




35.

En tus manos el mirto era tan verde

que nunca creció fuego

que hablara más lozano.




36.

Fue a ver su casa aquella tarde. El lecho

donde el amor oyera

el alba tantas veces,

desmantelado, hundido,

entre montes de arena.

Todavía la lámpara,

la grieta del espejo,

la mesa rota, el libro…

Y la puerta, un soldado

ausente, que cantaba:




-Aunque le tire al mar,

el barco que anda en la tierra,

en tierra se ha de quedar.




37.

¡Oh, tapadme los ojos! ¡Aún más!

Y seguí viendo

a través del espanto helado de las manos.




38.

Sí, Baudelaire, yo fui poeta de combate…

pero de esos del mar y el verso como puño.




39.

¿Será posible un odio en carne viva

los años y los años?




40.

¿Ha pasado ya un siglo? Y no han pasado

-¡oh, llanto! -ni siquiera 2.000 días.

Poemas del destierro y de la espera, 1976.
 

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