Miré hacia la calle desde mi ventana. Brillaba el sol y los comerciantes habían salido afuera de sus negocios para disfrutar el calor y ver pasar a la gente. Pero, ¿por qué los comerciantes se estaban cubriendo los oídos? ¿Y por qué los transeúntes estaban corriendo como si los persiguiera un terrible espectro? Pronto todo volvió a la normalidad: el incidente no había sido más que un momento de locura en el cual la gente no pudo aguantar más las frustraciones de la vida y se había dejado llevar por un extraño impulso.

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