viernes, 25 de abril de 2014

Luis Alberto. Francisco Rodríguez Criado. Microrrelato.



Mi madre estaba convencida de que iba a tener gemelos, pero luego sólo me tuvo a mí. Parece ser que nadie esperaba el doble embarazo, en el pueblo estaban ya acostumbrados a sus alocadas predicciones del futuro –predicciones que por supuesto nunca se cumplían-. Mi padre murió cuando yo tenía cinco años, de un cáncer dicen, aunque creo que más bien lo mató mi madre con sus brujerías y otros desvaríos mentales.

Yo me llamo Luis Alberto, porque mi madre, incapaz de asumir los hechos, pensó hasta el último de sus días que había dado a luz a dos hermosos niños: Luis, el mayor, y Alberto, el pequeño. Cuando preguntaba por Alberto, que en su trastornada imaginación era un muchacho débil y enfermizo, yo respondía con una voz febril; y cuando llamaba a Luis (“el hombretón de la casa”) yo fingía una voz grave y enérgica. Al principio me resultaba molesto dividirme en dos personas, era realmente agotador ser mi propio hermano; después, con el paso de los años, aprendí a sobrellevarlo. No obstante, la relación con mi inexistente hermano ha sido siempre un tira y afloja; si yo decía blanco, él decía negro, si yo quería ir a un sitio; él me obligaba a ir a otro, si me interesaba por una mujer, él se encargaba de importunarla hasta que, atemorizada, salía huyendo. Se entienden, pues, todas las peleas –algunas muy violentas- que hemos mantenido desde la infancia.

Por una reyerta me encuentro en este despreciable lugar. El juez no tuvo piedad al dictar el veredicto: diez años de reclusión. Ahora sólo hay que esperar a que los doctores averigüen quién fue el autor del crimen, si mi hermano gemelo o yo.


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