lunes, 8 de enero de 2018

Realidad súbita. Juan Yanes.

A los muertos en el bombardeo de Dresde, porque la barbarie no se elimina con más barbarie.


Había un reloj que cortaba el tiempo detenido de los relojes. Una calle invisible que atravesaba las demás calles. Un río dentro de otro río por el que pasaban infinidad de ríos menores, vacíos. Una lágrima en un llanto que lloraba lágrimas. Caras enmascaradas con los ojos fijos dentro de caras enmascaradas. Había un continente sin fronteras que terminaba nada más empezar. Una pared maestra intangible que sostenía el universo. Había una tela de seda cuya trama se extendía hasta más allá del horizonte y caía como un arambel. Había un soldadito de plomo montado en un globo que sustentaba el aire. Los jardines estaban llenos de jarrones con flores marchitas y palomas ausentes. Había escalones sin escaleras y rampas giratorias que servían para confundir. La vida entera estaba escrita en un libro sin páginas que pasaba un niño que parecía ciego. Se escuchaba una melodía hecha de silencios en medio del vacío. Todo parecía detenido. Sólo era real la ausencia del deseo.
Entonces sucedió. Subimos y había desaparecido la ciudad.

Rescatado del Blog Máquina de coser palabras, de Juan Yanes.
 

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