sábado, 1 de febrero de 2014

El campeonato mundial de pajaritas. Luis Britto García. (Microrrelato)



Abierto oficialmente el campeonato mundial de pajaritas el señor Pereira se dirige al proscenio, toma una hoja de papel, la dobla, la vuelve a doblar, y de los pliegues surgen lentamente una montaña, y un arroyo, y un arco iris que desciende hasta que junto a él fulguran las nubes y finalmente las estrellas. Un gran aplauso resuena, el señor Pereira se inclina y baja lentamente a la sala.
Acto seguido se instala en el proscenio el señor Noguchi, quien toma en cada mano una hoja de papel, la mano izquierda dobla dobla, sale una paloma, sosteniendo el pico con los dedos anular y meñique y tirando de la cola con los dedos índice y medio las alas suben bajan suben bajan, la paloma vuela, entretanto la mano derecha dobla, dobla, sale un halcón, colocando el dedo índice en el buche y presionando con el pulgar en las patas, las poderosas alas suben bajan bajan suben, el halcón vuela, persigue a la paloma, la atrapa, cae al suelo, la devora.
Grandes y entusiásticos aplausos.
Sube al proscenio el señor Iturriza, quien es calvo, viejo, tímido y usa unos lentencitos con montura de oro. En medio de un gran silencio el señor Iturriza se inclina ante el público, hace una contorsión, se vuelve de espaldas. La segunda contorsión la despliega, asume una forma extraña, y luego viene la tercera, la cuarta, la quinta contorsión, la apertura del pliegue longitudinal, y la vuelta del conjunto. La sexta y la séptima contorsiones son apenas visibles pero definitivas, la gente va a aplaudir pero no aplaude, en el proscenio el señor Iturriza deshace su último pliegue y se transforma en una límpida, solitaria, gran hoja cuadrada de papel blanco.

 El campeonato mundial de pajaritas. Luis Britto García. (Venezuela, 1940)

 

El verdugo. Arthur Koestler. Microrrelato.

Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar a sus víctimas, pero toda su vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición.

Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir el patíbulo y Wang Lun, con un golpe de su espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:

-¿Por qué prolongas mi agonía? -le preguntó-. ¡Habías sido tan misericordiosamente rápido con los otros!

Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:

-Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor.

El verdugo. Arthur Koestler. (Budapest, septiembre 1905 - Londres, marzo 1983)


 

La sentencia. Wu Cheng'en. Microrrelato.

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.

Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.

Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:

-¡Cayó del cielo!

Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó:

-Qué raro, yo soñé que mataba a un dragón así.

La sentencia. Wu Cheng'en. China. (1504? - 1582?)




 

TUITERATURA ENERO 2014. (V). Eva Sánchez Palomo.



EL ZOO.
- La cebra bebé crecerá sin saber que esa inmensa pradera, ancha y fértil que ve ante sus ojos, es solo un dibujo pintado sobre cemento.

- En la jaula 7, un grupo de maléficos mandriles humillan y arrinconan a un asustado gibón.

- Nada tan siniestro como el zoo por la noche: el aire lleva mezclados ronquidos, rugidos y lamentos.

- El zoo urbano abunda en reptiles, roedores y aves rapaces.

- La elefanta del zoo, con sus patas cubiertas de lodo y estiércol, recuerda su pasado brillante como estrella de circo.

- El viejo chimpancé se agarra a la mirada del niño. Salta, hace cucamonas, se vende, humillado, por un cacahuete.

- El cuidador del zoo no se relaciona con sus vecinos humanos. No entiende sus cuerpos sin pelo, ni sus ojos ausentes de inocencia.

- Mira al cielo con desesperación, intenta desasir la cadena de su pata. Es mortal el ansia de cielo en el águila calva.

- Los ojos del pez de plata se aferran a los ojos del niño, intentan transmitirle la monotonía y la alienación del acuario atestado.

- Ese león que se mueve con andar majestuoso es el mismo que duerme acurrucado en su tristeza entre muros de cemento y hormigón.



TUITERATURA ENERO 2014. (IV) Eva Sánchez Palomo.



LA LUNA.
- La luna cayó, y la Tierra fue toda estruendo metálico y cristal de plata.

- La luna allá arriba, testigo de sus besos en el parque, menguaba su brillo por darles intimidad.

- Soltó su amarre transparente con la Tierra. Ahora viaja por el espacio, por fin libre, la luna llena.

- ¿De quién será esa carita que baila en las olas de espuma? Se dice la luna al mirarse en el mar.

- Al ver su reflejo no se reconoce. La luna que baila en el agua ¿es la misma que quieta allí arriba está?

- Dos ratoncitos mirando la luna, maravillados de tanto queso.

 -Cuando alguien pisa el reflejo tranquilo que duerme en los charcos. La luna, allá arriba, tiembla de frío y de soledad.

- La luna más triste es aquella que tiembla atrapada en el agua del fondo de un pozo.

- La nube rasga la luna. En el aire se quedan flotando un lamento vibrante y gotitas de plata.

- El niño Lorca, sentado en su cuna, mira absorto por la ventana cómo baila y sonríe la luna de plata.



TUITERATURA ENERO 2014. (III) Eva Sánchez Palomo.



MUNDO SOBREPOBLADO.
-Ni una larga ducha, ni los mejores perfumes, conseguían arrancarle ese profundo y repugnante olor a humanidad.

-El hombre inmortal, hambrienta peste del mundo, postrado ante la divinidad, reza por su exterminio.

- Reunidos en omnipotente asamblea, los dioses estudian a la humanidad desbocada y debaten con desgana la necesidad de su exterminio.

- SOBREPOBLACIÓN: El roce no terminó haciendo cariño.

- SOBREPOBLACIÓN: Se frotaban tanto que iban brillando todo el día.





TUITERATURA ENERO 2014 (II). Eva Sánchez Palomo.



MAGIA.
-En su amor no había magia, todo eran efectos especiales.

-El gran truco, desaparecer el hambre en el mundo. Se concentró, lanzó el conjuro con voz ronca y "plof" desapareció el hombre.

-Nace un bebé, se abre una flor, el rayo rompe el cielo. La naturaleza, magia suprema.