domingo, 7 de agosto de 2016

Punto de vista. Gustavo Gabriel Ferro.

Si puedes mantener clara tu cabeza 
cuando todos los demás la pierden, 
tal vez es que has malinterpretado la situación. 
Kipling y Anón

Es cierto que el humo era terrible y no dejaba ver nada. Se colaba por debajo de las puertas, por las ventanas, por todos lados. El edificio entero estaba dentro de otro edificio de humo. Por las ventanas del cuarto y del séptimo piso asomaban enormes rulos rubios. La calle era un infierno. Cientos de personitas corrían, gritaban y trataban de hacer alguna cosa. Visto desde acá arriba era un espectáculo hermoso. Un caos total. Me alejé de la ventana y me senté en un sillón. En el pasillo se oían corridas y voces desesperadas de personas que llamaban a otras personas. Me asomé a ver. Un señor gordo pasó tosiendo y llorando, no sé si por el humo, o de pánico. La gente, en su huida, dejaba abierta la puerta de los departamentos. Entré en el tercero D. Enseguida me gustó. Lo más lindo del lugar era la alfombra. Alta, mullida. Me dieron ganas de revolearme. Me entretuve con un mueble grande, de roble, revisando los cajones, desplegando manteles y descubriendo cosas olvidadas. En el dormitorio, me subí a la cama y me quedé un rato antes de decidirme a ver lo que había en los armarios. Cuando me cansé de jugar con los vestidos, los trajes y los zapatos, volví a salir al pasillo. Subí unos pisos por la escalera y me metí en otro departamento. Avancé un poco y vi a una chica, joven y hermosa, que traía a alguien de la mano. Me miró sorprendida, con los ojos muy abiertos, y dio un paso hacia atrás, como asustada. 

-No podemos salir. No podemos salir -repitió-. Estamos atrapados. 
-¿Por qué habría de preocuparme? -le dije-, yo soy el fuego. -Y estiré una mano hacia la biblioteca.

sábado, 6 de agosto de 2016

Tamara vuela dos veces. Eduardo Galeano.

Hacia 1983, en Lima, alguien que voló dos veces.

Tamara Arze, que desapareció al año y medio de edad, no fue a parar a manos militares. Está en un pueblo suburbano, en casa de la buena gente que la recogió cuando quedó tirada por ahí. A pedido de la madre, Las Abuelas de Plaza de Mayo emprendieron la búsqueda. Contaban con unas pocas pistas y al cabo de un largo y complicado rastreo, la han encontrado.

Cada mañana Tamara vende querosén en un carro tirado por un caballo, pero no se queja de su suerte; y al principio no quiere ni oír hablar de su madre verdadera. Muy de a poco Las Abuelas le van explicando que ella es hija de Rosa, una obrera boliviana que jamás la abandonó. Que una noche su madre fue capturada a la salida de la fábrica, en Buenos Aires…

Rosa fue torturada, bajo control de un médico que mandaba parar, y violada, y fusilada con balas de fogueo. Pasó ocho años presa, sin proceso ni explicaciones, hasta que el año pasado la expulsaron de la Argentina. Y ahora, en el aeropuerto de Lima, espera. Por encima de los Andes, su hija Tamara viene volando hacia ella.

Tamara viaja acompañada por dos de las abuelas que la encontraron. Devora todo lo que le sirven en el avión, sin dejar una miga de pan ni un grano de azúcar.

Y en Lima, Rosa y Tamara se descubren. Se miran al espejo, juntas, y son idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos lugares. Cuando llega la noche, Rosa baña a su hija. Y al acostarla le siente un olor lechoso, dulzón; y vuelve a bañarla. Y otra vez la baña y por más jabón que le mete, no hay manera de quitarle ese olor. Es un olor raro…

Y de pronto, Rosa recuerda. Éste es el olor de los bebitos cuando acaban de mamar. Tamara tiene diez años… y esta noche huele a recién nacida.


viernes, 5 de agosto de 2016

Cementerio frente al mar. Eva Sánchez Palomo.

Hay un pueblo marinero de calles estrechas y casitas blancas abrazadas al paso del tiempo y la tormenta. Su cementerio se alza en lo alto de un promontorio y deja las tumbas a merced del viento frente al mar. Más de la mitad de los muertos de ese sitio son ahogados. Marineros o suicidas que han perdido el alma entre las olas y cuyos cuerpos aparecen acostados en la orilla o enredados en las rocas, devueltos, como una ofrenda, por el mar. 
Desde aquí, desde la playa, se puede ver el cementerio y por la noche, allá arriba, un fulgor blanco entre las tumbas que dicen que es la niebla danzando entre las piedras. Pero yo sé que son las almas de los muertos que salen por las noches y se sientan sobre el frío mojado de las tumbas para ver el espectáculo de la luna resbalando al intentar posarse sobre el mar.

Fotografía: cementerio de Fisterra, Galicia, España.

jueves, 4 de agosto de 2016

Certidumbre. María José Barrios.

No me gustan los aeropuertos en hora punta. Estoy seguro de que en medio de tal amalgama de gente hay, como mínimo, 
un policía corrupto, 
un suicida, 
un marido cornudo, 
un claustrofóbico, 
una bailarina,una pareja de prometidos a punto de casarse, 
un matrimonio a punto de divorciarse, 
alguien que va a morir mañana, 
un cantante famoso, 
una persona muy triste, 
un terrorista, 
un adolescente fugado, 
un asmático,una mujer maltratada, 
un escritor, 
alguien que esconde un arma, 
un futbolista, 
un funcionario, 
un violador, 
un hombre que no tiene amigos, 
un niño huérfano, 
un maníaco, 
una chica de la que podría enamorarme, 
un político, 
una actriz norteamericana, 
un asesino 
y alguien que se parece mucho a mí. 
Mirarlos a la cara, uno a uno, y no saber quién es quién es lo que me pone nervioso.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Mañanas. Angela Schnoor.

Un gato con un color imposible, verde como manzanas, cantaba al borde de mi ventana esta mañana. No me gustó ser despertada, pero quise ser gentil y le ofrecí algo de leche, a lo que él rehusó diciendo que los pájaros prefieren alpiste.

martes, 2 de agosto de 2016

El teléfono es un gato que sueña con tener hijos. Huilo Ruales Hualca.

1) ¿Sí, aló? 2) Hola Rafo, ¿por qué no llamas nunca? No has venido desde hace un mes, ni siquiera sabes cómo estamos. 3) ¿Cómo están? 4) No te burles, Rafo, ¿hasta cuándo piensas hacernos sufrir? 5) Hasta noviembre. 6) ¿Cómo, hasta noviembre? 7) En noviembre me mato. 8) (sollozos, pañuelo menudo en narices) Malo, es muy malo. 8) Bueno, voy a colgar. 9) Perverso, matarse en noviembre sabiendo muy bien que la Nena se casa el 5 de diciembre. Nos vas a hundir, ya lo estoy viendo (sollozos, hipos, mismo pañuelo). 10) Chau, mamá, están golpeando a la puerta con un hacha.



lunes, 1 de agosto de 2016

Cuento con desenlace de vértigo. José Luis Sandín García.

Es una sola palabra, una palabra precisa y de tal fuerza que su punto final generó, en su momento, un pequeño orificio en el papel por donde se fue la tinta, luego la pluma y la mano del escritor.
El resto aún fluye sin cesar hacia el interior oscuro de la trama, formando un vórtice a su alrededor: giro inagotable de realidad.