jueves, 26 de julio de 2018

Agua maldita. Eduardo Galeano.

Conocemos a Nostradamus por sus profecías, que siguen siendo bestsellers en el mundo.
Ignoramos que Nostradamus fue también médico, un médico insólito, que no creía en las sanguijuelas y contra las pestes recetaba aire y agua: aire que ventila, agua que lava.
La mugre incubaba plagas; pero el agua tenía mala fama en la Europa cristiana. Salvo en el bautismo, el baño se evitaba porque daba placer y porque invitaba al pecado. En los tribunales de la Santa Inquisición, bañarse con frecuencia era prueba de herejía de Mahoma. Cuando el cristianismo se impuso en España como verdad única, la Corona mandó arrasar los muchos baños públicos que los musulmanes habían dejado, por ser fuentes de perdición.
Ningún santo ni santa había puesto nunca un pie en la bañera y entre los reyes era raro bañarse, que para eso estaban los perfumes. La reina Isabel de Castilla tenía el alma limpia, pero los historiadores discuten si se bañó dos o tres veces en toda su vida. El elegante Rey Sol de Francia, el primer hombre que usó tacones altos, se bañó una sola vez entre 1647 y 1711. Por receta médica.

 

domingo, 15 de julio de 2018

Nicrophorus Vespillo. Lilian Elphick.

Soy como soy, señores del jurado. Mi familia es la más antigua del planeta. Ya en el año 1300 A.C., momificábamos los cadáveres de los otros, los inocentes que paseaban cerca nuestro, alardeando de sus élitros transparentes. Silphidus era el encargado de engañarlos. Hasta las ratitas caían en sus juegos de tenazas.
Es cierto que maté a Gregorio. Se miraba todo el día en el espejo, esperando la transformación. Buenos días, Franz, decía frente a su imagen coleóptera, creyendo ver a un muchacho flaco y ojeroso.
No alcanzó a sentir el golpe, lo juro. Escarbé la tierra, lo deposité en su lecho y comencé de inmediato a hacer la bola. Con ella se alimentaron mis larvas, que crecieron y crecieron hasta llegar a ser una multitud de jóvenes tísicos, pálidos y muy melancólicos, todos escritores.

K. Lilian Elphick, 2014.
 

sábado, 14 de julio de 2018

Espejo. Harold Kremer.

Cuando usted sale de su casa obsesionado con la idea de comprarse un espejo, se puede decir que ha dado por vez primera un gran paso en su vida. Pero si además de dicha decisión descubre que no desea un espejo cualquiera, sino uno especial que se adapte a su temperamento, su carácter y su figura, se podría decir que usted sabe lo que quiere de la vida. Y si después de recorrer toda la ciudad, de pronto se descubre en un viejo barrio judío discutiendo el precio de un insignificante y carcomido espejo, usted pensará que la vida y el destino han sido pródigos al brindarle esa oportunidad. Y si al llegar a su casa con el espejo se va directo al baño, lo cuelga, lo cuadra y luego se mira durante un largo instante en él, tratando de encontrar su imagen que no aparece por ningún lado, entonces usted tendrá que aceptar la realidad de su muerte.


viernes, 13 de julio de 2018

Ángel de la guarda. Juan Antonio Vázquez.

El tipo se apostó en la barra con cara de pocos amigos. Cantaba como una mosca en un vaso de leche: gabán largo, sombrero incrustado hasta el entrecejo y una escopeta en la mano. El camarero se le acercó con la excusa de pasar el trapo.
¿Qué va a ser?
Aprovechó para mirarlo de arriba abajo. Debía medir, por lo menos, metro noventa.
Morid o marchaos –contestó.
A sus palabras la cantina calló de golpe. Se fueron levantando uno por uno, muy despacio, hasta que el corro de infames criaturas lo rodeó esgrimiendo las mejores galas del bestiario: miradas denostadas, hercúleos brazos, zarpas ensangrentadas y dientes afilados.
El primer disparo es el único que has de elucubrar, porque empuja al siguiente y anticipa el final. El cazador de monstruos amartilló el arma y disparó al techo. Sumido en la oscuridad que emanó de la bombilla quebrada se sucedieron gritos, fogonazos y lamentos.
Minutos más tarde, el hombre salía del armario. Arrastraba una cuerda, y del otro extremo, como si se tratara de un petate, los cuerpos sin vida de todos ellos.
Se acercó a la cama, le dio un beso al pequeño, y le aseguró sonriente que tendría felices sueños.

 Esta noche te cuento. Junio, 2015.

jueves, 12 de julio de 2018

¿Qué pulsión? Miguel Ángel Zapata.

¿Qué pulsión me ha hecho caer en la estupidez bobalicona de jugar con el niño a sustraerle la nariz?
¿Por qué perversa razón debe gustarle a un niño ser engañado con esta pantomima de violencia sádica y mutiladora?
¿Cuándo dejé yo de ser habilidoso en los juegos de manos, con lo fácil que fue siempre sacar el pulgar por entre los dedos corazón e índice a modo de napia respingona?
¿Cómo le explico yo a su madre?
¿Qué coño hago yo ahora con la nariz sangrante de mi hijo entre las manos?
¿Cómo sabíais, por qué esperabais todos (baba animal en comisura, jadeo delator) que este cuento terminara de forma tan horrible, despreciables amantes de lo truculento?

 

sábado, 7 de julio de 2018

Sahagún. Eduardo Galeano.

Solaestoy, solaestoy, canta la torcaza.
Una mujer ofrece flores a una piedra hecha pedazos:
Señor —dice la mujer a la piedra—. Señor, cómo has sufrido.
Los viejos sabios indígenas ofrecen su testimonio a fray Bernardino de
Sahagún: «Que nos dejen morir», piden, «ya que han muerto nuestros dioses».
Fray Bernardino de Ribeira, natural de Sahagún: hijo de san Francisco, pies
descalzos, sotana de parches, buscador de la plenitud del Paraíso, buscador de la memoria de estos pueblos vencidos: más de cuarenta años lleva Sahagún recorriendo comarcas de México, el señorío de Huexotzingo, la Tula de los toltecas, la región de Texcoco, para rescatar las imágenes y las palabras de los tiempos pasados. En los doce libros de la Historia general de las cosas de la Nueva España, Sahagún y sus jóvenes ayudantes han salvado y reunido las voces antiguas, las fiestas de los indios, sus ritos, sus dioses, su modo de contar el paso de los años y de los astros, sus mitos, sus poemas, su medicina, sus relatos de épocas remotas y de la reciente invasión europea... La historia canta en esta primera gran obra de la antropología americana.
Hace seis años, el rey Felipe II mandó arrancar esos manuscritos de manos
de Sahagún, y todos los códices indígenas por él copiados y traducidos, sin que dellos quede original ni traslado alguno. ¿Dónde habrán ido a parar esos libros sospechosos de perpetuar y divulgar idolatrías? Nadie sabe. El Consejo de Indias no ha respondido a ninguna de las súplicas del desesperado autor y recopilador. ¿Qué ha hecho el rey con estos cuarenta años de la vida de Sahagún y varios siglos de la vida de México? Dicen en Madrid que se han usado sus páginas para envolver especias.
El viejo Sahagún no se da por vencido. A los ochenta años largos, aprieta
contra el pecho unos pocos papeles salvados del desastre, y dicta a sus alumnos, en Tlatelolco, las primeras líneas de una obra nueva, que se llamará Arte adivinatoria. Luego, se pondrá a trabajar en un calendario mexicano completo.
Cuando acabe el calendario, comenzará el diccionario náhuatl-castellano-latín. Y no bien termine el diccionario...
Afuera aúllan los perros, temiendo lluvia.

Memoria del fuego. I. Los nacimientos. Eduardo Galeano.

domingo, 1 de julio de 2018

Artículo de fe. Juan Armando Epple.

Las ovejas imaginan un Dios infinitamente misericordioso y bondadoso, capaz de perdonar hasta a los lobos. Los lobos, por su parte, imaginan un Dios fuerte y todopoderoso, temido y adorado hasta por las ovejas.