sábado, 16 de marzo de 2024

[Fragmento 139]. Libro del desasosiego. Fernando Pessoa.

Hace mucho tiempo que no escribo. Han pasado meses sin que viva, y voy perdurando, entre la oficina y la fisiología, en una parálisis íntima de pensar y sentir. Esto, infelizmente, no descansa: en la putrefacción hay fermentación.
Hace mucho tiempo que no sólo no escribo, sino que ni siquiera existo. Creo que apenas sueño. Las calles son calles para mí. Hago el trabajo de la oficina con conciencia sólo para él, pero no puedo decir exactamente que sin distraerme: por detrás estoy, en vez de meditando, durmiendo, aunque sigo siendo siempre distinto por detrás del trabajo.
Hace mucho tiempo que no existo. Estoy tranquilísimo.
Nadie me diferencia de quien soy. Me sentí ahora respirar como si hubiera practicado una cosa nueva o atrasada. Empiezo a tener conciencia de tener conciencia. Tal vez mañana despierte para mí mismo, y reanude el curso de mi existencia propia. No sé si, con eso, seré más o menos feliz. No sé nada. Levanto la cabeza de paseante y veo que, sobre la cuesta del Castillo, el ocaso opuesto arde en decenas de ventanas, con un reverbero inmenso de fuego frío. Alrededor de esos ojos de llama dura toda la cuesta tiene la suavidad del fin del día. Puedo al menos sentirme triste, y tener la conciencia de que, con esta mi tristeza, se cruzó ahora —visto con el oído— el ruido repentino del tranvía que pasa, la voz casual de los conversadores jóvenes, el susurro olvidado de la cuidad viva.
Hace mucho tiempo que no soy yo. 

Libro del desasosiego. 1982.
 

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