martes, 20 de octubre de 2015

Amor 77. Julio Cortázar. Microrrelato.

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.





Un tal Lucas. Julio Cortázar.

lunes, 19 de octubre de 2015

Sirenas. José Luis Zárate. Tuiteratura.

-Desnudar una sirena requiere técnicas de descame demasiado sangrientas para los románticos.

-Las sirenas comprenden pocas cosas de nuestro mundo, y nosotros no entendemos sus ojos coral, sus manos liquen, la marea lenta de su sangre.

-Como más amamos a las sirenas es fuera del agua, sin su cola de pescado, ni sus ánimos carnívoros y en fin, cuando no son sirenas.

-A las sirenas les extraña el hecho de que si pones un marino en tu oído no escuchas el mar.

-Puedes amar a una sirena pero no dejas notar, tal vez cuando te devora, su naturaleza depredadora.

-Las sirenas que han abandonado el mar, reducen un poco su nostalgia cuando miran nadar las aves en el cielo.

-Durante el amor, las sirenas disfrutan de los sonidos de ellos, que se ahogan en su cuerpo.

-Durante el sexo, los amantes de las sirenas tratan de ser un mar.

-Las sirenas descubren que las lágrimas saben a mar, y se preguntan qué hizo a los dioses llenar medio mundo con su dolor.

-El salino sabor de las lágrimas hace preguntarse a las sirenas cuanto mar tenemos dentro.

-Las sirenas cantan en bares a donde llegan Odiseos de gabardina y sombrero fedora dispuestos a descubrir cuántas formas hay de naufragar.

-Después de llegar a tierra, de vivir una vida humana, las sirenas empezaron a soñar con volar.

-Los retratistas odian pintar sirenas, nunca les sale bien la voz.






sábado, 17 de octubre de 2015

El inventor. Jordi Masó Rahola. Microrrelato.

La invención de la máquina para invertir el tiempo se atribuye a Ernst Müller (1941-1867).

 
Jordi Masó Rahola, La bona confitura.

jueves, 15 de octubre de 2015

El acompañante. Martín Gardella. Microrrelato.

Mi compañero de cuarto tiene hábitos extraños. Con las primeras luces de la mañana, se levanta gruñendo a cerrar las persianas. Adora la oscuridad y el silencio de las noches, para sentarse a observar, emocionado, las estrellas fugaces. Prefiere esconderse en el armario cuando recibo visitas (no sé si lo hace por cortesía, por retraimiento o porque teme que el invitado sea alguno de esos sujetos que, según me cuenta, lo buscan para atraparlo). Conozco el riesgo, pero protejo su secreto de manera cómplice. Desde aquella noche tormentosa en que se instaló en mi casa, se convirtió en mi mejor compañía, en un compinche fuera de serie. Lo atiendo y lo alimento como a un bebé indefenso, y por las tardes le preparo un baño de inmersión, para que juegue, por un largo rato, con la esponja jabonosa entre sus tentáculos.

miércoles, 14 de octubre de 2015

El bosque sobre las olas. Ignacio Rubio Arese. Microrrelato.

Una vez, el rey de Suecia mandó construir una armada para dominar el Báltico. Cien escuadrones partieron a talar los bosques cercanos a Estocolmo. Las hachas asolaron la región. Como guerreros exangües caían los árboles, uno tras otro, profiriendo alaridos milenarios.
¡Nos vengaremos! –gritaban al desplomarse.
Allí mismo los serruchos desgajaban los troncos. Inmensos tablones viajaban hasta los astilleros en carretas de bueyes.
Al retirarse los hielos, zarparon a la guerra. A la semana el vigía observó unas yemas que despuntaban del mástil, unos brotes en la proa. Poco después empezó a menguar el ritmo, los navíos no avanzaban. En vano exhortaba el contramaestre a sus remeros que bogasen más rápido. Estaban en alta mar, encallados sin remedio.
Días después las naves se llenaron de ramas. Al poco los barcos se elevaron y quedaron suspendidos en el aire, cada vez más alto. La madera crujía bajo los pies. Las quillas estallaron en pedazos. Perforando lo que se interpusiera en su camino se abrían paso los troncos y, libres ya de sus carcasas, los renacidos árboles se agitaron arrojando a los soldados al vacío. Finalmente, tras despegar sus raíces, partieron de vuelta a su antiguo hogar, a grandes zancadas sobre las olas.


martes, 13 de octubre de 2015

Sobre Cthulhu. Alberto Sánchez Argüello. Microrrelato.

RODAR
Finalmente le enseñé a Cthulhu a rodar sobre sí mismo. Es mejor no hacerlo mucho: provocó un tsunami que barrió con Asia.
PASEAR
Cuando saco a pasear a Cthulhu tengo que estar cuidando que no ensucie las aceras y que no destruya a la especie humana: es un travieso.
JUGAR
Los sábados Miguelito y yo dejamos jugar a Cthulhu y Shub Niggurath. Destruyen algunos universos y luego comen juntos. 

ARRASAR
Llevé a Cthulhu a la escuela. Se rieron al verlo con su forma de pulpo, así que él tomó su forma original. Me costó salir de los escombros.
SOÑAR
Cthulhu a veces tiene pesadillas y nos desbarata la casa y el jardín. Lo arrullo y escribo con tiza R'Lyeh en su frente, siempre funciona.