domingo, 24 de abril de 2016

De la corrección necesaria, o cómo quitar lo que sobra. Miguel Bravo Vadillo.

Cuando la casa del escritor fue devorada por las llamas, también se quemó su último manuscrito. Solo una frase quedó legible: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. La novela, así lo asegura el narrador omnisciente (a quien debemos creer sin rechistar, porque para algo es omnisciente), era malísima; sin embargo, aquella frase fuera de contexto acabó convirtiéndose en un célebre microrrelato. Y es que, en ocasiones, la suerte también hace las veces de crítico y corrector, y sabe cómo ingeniárselas para favorecer al artista de talento.


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