No
se supo nunca por qué había brotado aquella estatua en el jardín.
El
caso fue que una mañana se encontraron con ella, quieta en el gesto
hipócrita de las estatuas, sobre un pedestal de haber estado allí
toda la vida.
Se
hicieron indagaciones, se preguntó en diez leguas a la redonda.
Nadie sabía nada.
Sólo
el que todo lo explica de alguna manera opinó que aquel debía ser
un fantasma, que había vuelto la cabeza o había hecho algo
prohibido por la ley y se había quedado convertido en estatua de
piedra.
miércoles, 15 de julio de 2026
La estatua inesperada. Ramón Gómez de la Serna.
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