sábado, 9 de febrero de 2019

Gott ist tot. José Tomás Angola.


Ayer sacaron a Dios del mar. Era un cadáver de rostro hinchado. Quién sabe cómo llegó a ser catafalco esta alfombra salada, pero la verdad es que era Dios. Un movimiento no calculado, la torpeza de trastabillar y Dios cae como un fardo en las aguas intrigantes del mar. Nadie explica si murió en la caída o se ahogó entre los peces idiotas. La muerte le sobrevino serena dado que aún sus labios, los labios de Dios, sonreían. Nos queda la pregunta del empleo vacante; del oficio de gobernar el universo; de quién se hará cargo de la gerencia de las almas; del asunto de la justicia eterna; sobre la pena que el mar recibirá por asesinar; si fue premeditación o acaso alevosía. El cadáver mientras tanto yace con barba y calva en la orilla de una playa pegajosa y un oficial de la ley, vencido por la burocracia, escribe su informe... crimen pasional.

 Gott ist tot: Dios está muerto.

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