El
hombre no debe poder ver su propia cara. Eso es lo más terrible de
todo. La Naturaleza le dio el don de no poderla ver, como también el
de no poder mirar sus propios ojos.
Sólo
en el agua de los ríos y de los lagos podía él contemplar su
rostro. Pero hasta la postura que había de adoptar era simbólica.
Tenía que curvarse, inclinarse para cometer la ignominia de verse.
El
inventor del espejo envenenó el alma de los hombres.
Libro del desasosiego, 1982.

No hay comentarios:
Publicar un comentario