lunes, 30 de enero de 2017

La bella y el bestia. Eugenio Mandrini.

Ni bien asomé la cabeza de las aguas y me vio, el carbón de sus ojos comenzó a encenderse.
También yo, al verlo, imaginé por un momento el milagro de que hubiera entre nosotros un entendimiento de los cuerpos.
Vano todo.
Él se alejó, prado lejos. Yo regresé, aguas al fondo.
La contaré entre los míos como una historia de exaltado romanticismo.
La contará entre los suyos como una historia de profunda melancolía.
Aún así, sucesos como éstos me inspiran a mí, sirena, a creer en lo imposible.
Espero que a él, centauro, también.

 

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